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LA FUENSANTA. DE PRODIGIOS, HORTELANOS, INUNDACIONES, PLANEAMIENTOS (3º PARTE Y ÚLTIMA).

Autor

José Ramón Pedraza Serrano

 

Resumen

 

El artículo es la tercera y última parte de una propuesta didáctica en la que se pretende acercar a la Comunidad Educativa al conocimiento del entorno escolar, en nuestro caso, el barrio cordobés de La Fuensanta. La intención es servir de base documental para dar a conocer y adaptar dichos contenidos a diferentes asignaturas y niveles educativos.


 

 

Nos encontramos enclavados entre una campiña, a lo que no se le puede decir árida, pero sí repelente, en su pelambre vegetal, y una sierra aún pujante de verdor y arboleda. El ensanche continuado de la ciudad, ha ido rompiendo poco a poco, ese marco paradisíaco de las huertas con la sola excepción de las que la Virgen de la Fuensanta protege bajo su cielo de cigüeñas.

 

 

 

Juan BERNIER LUQUE (1966)[1]

 

Introducción a la III parte

 

Tal y como manifestábamos en las partes anteriores de este artículo, el cierre de la revista Polimnia (IES La Fuensanta) nos supuso dejar inéditas dos partes del artículo que traemos a estas páginas. Lo que pretendíamos era rastrear en fuentes primarias y bibliográficas a fin de dibujar un panorama poliédrico y a la par holístico de cuanto el entorno más próximo al alumnado puede generar, ser visto desde la óptica social que nuestra disciplina científica permita. De ahí que, tras haber ido construyendo la historia del barrio, su relación con la ciudad, los apuntes artísticos más destacados, vicisitudes,…llegue el momento de hacer una miscelánea con algunas facetas propias e intransferibles del barrio, dando especial protagonismo a la construcción urbanística, mas sin omitir otros aspectos necesarios para su comprensión general.

 

Última entrega; por fin el fin. Nos obcecó tanto y tanto este paisaje vivido de La Fuensanta que, tras alguna promesa incumplida y un continuo dilatar, la emoción desbocó a la razón, y lo que sería una contribución puntual se transformó en serie, en culebrón.

 

Hemos ido dando voz y cabida a algunas perspectivas que han tejido el imaginario colectivo de lo que ha supuesto el casticismo de este barrio que es esencia misma de la tierra de Córdoba: la aparición mariana, la construcción artística, el ambiente hortelano, la imaginería devocional, las evocaciones literarias,…han ocupado las entregas precedentes. Cumplimentando el título, nos falta rematar el planteamiento inicial: la traza y construcción del barrio, alguna inundación, la Velá, algún material didáctico.

 

Dándole más espacio que en capítulos anteriores a los que estudiaron geográfica, antropológica y didácticamente nuestro barrio, vamos a cerrar el marco con este tercer ángulo. Más que hacer trabajo de síntesis, vamos a compendiar una selección de amplios y enjundiosos textos que nos servirán para radiografiar ese entorno próximo en las miradas que pretendíamos desde un principio.

 

Con este lado, enmarcado queda.

 

Inspirados por alguna bibliografía de referencia[2], proponemos al final, adaptadamente, alguna actividad de aula y de campo a modo de ejemplo. No es la primera vez que defendemos teórica y prácticamente el giro de técnicas de trabajo e investigación en el aula propuestas por los manuales al uso al entorno escolar concreto[3]. Para ello se hace indispensable el conocimiento en profundidad del mismo, grave lastre (déficit) que se arrastra en buena parte de los centros en la actualidad. El pateo, la implicación verdadera del profesorado con el medio próximo es el primer y básico requisito para cubrir ese ambicioso fin: conectar al alumnado a su realidad. Sin un intenso conocimiento, la transmisión de esa querencia se hace imposible y la interconexión competencial tampoco. Es obvio.

 

 

 

IV.1 La Fuensanta urbana: trazas y planeamientos

 

IV.1.1 El urbanismo decimonónico

 

Tal y como hemos apuntado en algún artículo anterior, es Cristina Martín la mejor conocedora de la evolución urbana de Córdoba en el Diecinueve. De ella extractamos algunas referencias que contextualizan el ambiente en el que se desprende la total decadencia y atonía a la que había llegado la capital provincial, de resonantes reminiscencias y de herrumbrosas realidades. Ahí, en ese instante histórico, el anquilosado paisaje fuensantino comienza a removerse:

 

Una de las alteraciones más significativas de la transformación de la ciudad que acaece en el siglo XIX es la demolición de las antiguas puertas y murallas[4], proceso que marca el paso de la ciudad antigua, cerrada, defensiva y perfectamente definida por los límites que le marcan sus murallas, a la ciudad contemporánea abierta y comunicada.

 

La función directa principal de éstas a lo largo de la historia ha sido la militar, y así llegan al siglo XIX, manteniéndose durante toda su primera mitad (…). Los progresos de la artillería de mayor alcance, precisión y efectividad conllevan la pérdida y desaparición de la mencionada funcionalidad defensiva militar de las murallas, que son mantenidas ahora con una finalidad fiscal e incluso sanitaria.

 

(…) Por el contrario, desde mediados del siglo XIX, las murallas son cuestionadas continuamente por razones de diversa índole. Así ciudades que habían contemplado un significativo crecimiento demográfico y que habían agotado todo el suelo de intramuros para edificar, necesitaban del cinturón amurallado para la expansión del espacio residencial.

 

Otras razones para su desaparición, constantemente argumentadas, ante la aparición de nuevos usos en el primer ruedo de la periferia circundante (esparcimiento, instalaciones fabriles e industriales, llegada del ferrocarril, etc.) es la necesidad de una mejor comunicación de la ciudad con el exterior, a lo cual se opone normalmente la estrechez de las puertas existentes e incluso su escaso número. Igualmente existieron corrientes de opinión que alegaban razones sanitarias para su derribo, de modo que se contemplan las murallas como un elemento obstaculizador de la aireación y soleamiento del conjunto urbano. En otras ocasiones, normalmente coincidentes con etapas de gobiernos liberales, las murallas sirven para dar trabajo con su demolición a los obreros en paro.

 

Otro condicionante fue la necesidad de los ayuntamientos de engrosar las, por lo general, depauperadas arcas municipales, en este caso vendiendo los terrenos contiguos a las murallas.

 

(…) El proceso de derribo y desaparición de la muralla en nuestra ciudad fue prolongado en el tiempo y discurre a todo lo largo de la segunda mitad del siglo: la primera puerta derribada fue la del Rincón, que cae en 1852, y la última la de Osario, que se demuele en 1905.

 

(…) Fue a partir de la Revolución de 1868 cuando se desató realmente la fiebre demoledora, al ser suprimidos de nuevo los ‘Derechos de Puertas y Consumos’ y declaradas abolidas las murallas que circundaban la población.

 

Se inicia así un intenso proceso demoledor que acabó prácticamente con todos los lienzos de la muralla y puertas en ella existentes. Una tras otra van cayendo las puertas: Baeza (1869), Andujar (1870), Plasencia (1870), Misericordia (1882), Puerta Nueva (1895) hasta concluir con el derribo de la Puerta de Osario en 1905, lográndose salvar de la piqueta demoledora algunos pequeños reductos de cerca y dos puertas, la del Puente y la de Almodóvar, (…).

 

Ello posibilitó la aparición de paseos y avenidas periféricas que, con el paso del tiempo, han quedado convertidos en las rondas que circundan el casco antiguo, permitiendo una circulación rápida y sirviendo de nexo de unión entre la ciudad histórica y la expansión periférica reciente[5].

 

A esa fiebre destructora, le acompaña la creación de anillos que circunvalarán puertas hasta entonces inconexas entre si, sólo unidas por arroyuelos o sendas. En el sector que nos concierne, apunta:

 

La demolición de la muralla en Córdoba viene acompañada por la ordenación y embellecimiento de sus espacios periféricos, iniciándose así un proceso de formación de las rondas y avenidas que circundan la ciudad sobre el espacio que ocupaba la muralla, respondiendo también a la necesidad funcional de facilitar el tráfico dado el trazado laberíntico de la ciudad.

 

Entre todo ello dos hechos han de ser destacados. Primero: el tratamiento diferenciado que recibe este anillo urbano de circunvalación, estableciéndose claramente tres sectores:

 

  • (…) El sector nororiental, desde la Puerta del Rincón a la de Baeza, en el que interviene más tardíamente y se da preferencia a instalaciones de carácter industrial y militar.
  • El sector meridional, en el que, como se ha mencionado anteriormente, las operaciones efectuadas se relacionan con la defensa contra las inundaciones, construyéndose el Murallón, que constituyó la base de la vía de enlace de la carretera Sevilla-Córdoba-Madrid.

 

En segundo lugar, hay que señalar que estas operaciones sobre el borde de la ciudad histórica no vienen acompañadas de la creación de ensanches residenciales. Hubo propuestas de realizarlos, tales como el proyecto de urbanización del Campo de la Merced al norte de la ciudad (1892-95), o del Campo de Madre de Dios (1895), al sureste, para residencia de obreros, pero fracasaron. (…) Tal situación pone de manifiesto el débil dinamismo de la ciudad de Córdoba y, en consecuencia, el escaso interés que podrían tener los capitales locales en intervenir en la producción de suelo urbano[6].

 

Y haciendo repaso de las actuaciones urbanísticas que se acometen a lo largo y ancho del casco histórico, la Axerquía será relativamente poco tocada, y causas hubo para ello; esto conllevó un retraso en la puesta en marcha de mejoras en el cuadrante suroriental del mismo:

 

En el resto de la Ajarquía fueron muchos más escasas las intervenciones, entre las que destacan: apertura de la plaza de San Bartolomé (1861-64), reforma del paseo de la plaza de la Magdalena (1882), alineación de la calle Don Rodrigo (1861), apertura de una calle desde el Potro a la Ribera, y alineación de las calles Lineros, Consolación y Ribera (1891-1903).

 

La razón fundamental de que la mayor parte de la Ajarquía quede al margen del proceso de renovación está en que a medida que el centro de actividad de la ciudad se fue desplazando hacia el norte, los barrios extremos de la Ajarquía se fueron depreciando cada vez más, no sólo desde el punto de vista económico, sino también social, proceso que queda claramente expuesto en el siguiente texto de la época: ‘Sucede en esta población que la riqueza urbana de los barrios bajos está menospreciada, por la tendencia de aproximar todo negocio a los centros mercantiles de la parte alta y hacia la estación de los ferrocarriles originando la ruina y abandono de la propiedad en los barrios bajos…[7].

 

A pesar de su prolongada extensión, creemos que procede reproducir un texto clave que nos viene a recrear con enorme claridad y detalle cómo se pergeña la delimitación urbana de este territorio extramuros, hasta entonces, como hemos visto en números precedentes, sólo amojonado por el propio santuario y los viejos caminos que partían de las puertas urbanas, aquel “dédalo de caminillos bajo las higueras” que sintiera Juan Bernier a mediados del siglo pasado:

 

Alineación de la Carrera de la Fuensanta y urbanización del contiguo Campo Madre de Dios.

 

Dentro de la actividad desplegada por el Municipio para ir mejorando el marco exterior de la ciudad, las reformas alcanzaron también el camino que conducía al frecuentado Santuario de Nuestra Señora de la Fuensanta y al llamado Campo Madre de Dios.

 

Las distintas mejoras que, desde mediados del siglo XIX, se fueron realizando en estos lugares, en gran medida, estuvieron determinadas por ser éste el marco destinado a la celebración de la llamada feria de la Fuensanta, que si bien no gozaba de la importancia de la renombrada feria de la Salud, no dejaba de tener un enorme eco popular en la vida local.

 

Así pues, con objeto de que esta velada, que comenzaba todos los años el día 8 de septiembre, fuese más atractiva y vistosa se llevó a cabo en el año 1859 la explanación de una parte del citado Campo, formándose un paseo arbolado que sirvió de asiento a las distintas instalaciones de la feria.

 

Dada la importancia, que con el paso del tiempo, fueron adquiriendo este tipo de acontecimientos que atraían cada año a mayor número de gente, la Municipalidad se ocupó de ir mejorando los espacios de la ciudad donde se celebraban estas ferias, buscando con ello la promoción económica de Córdoba. Deseo, que como en el caso que nos ocupa, fue compartido, en algunas ocasiones, por los propios vecinos del Campo Madre de Dios y Carrera de la Fuensanta, los cuales se prestan a contribuir, con sus propios medios, a la recuperación estética de este sector, como queda atestiguado en la oferta aceptada por el Ayuntamiento, que tres vecinos de los mencionados parajes hicieron en el año 1876 para construir unos poyos de descanso en “el llano de Madre de Dios y camino de la Fuensanta, en la calle de álamos que el Municipio había establecido”, aportando uno la mano de obra, otro los ladrillos y el tercero la cal necesaria para la obra[8].

 

En el año 1883 hemos podido constatar la realización por parte del Ayuntamiento de algunas nuevas obras encaminadas al mismo fin y buscando además facilitar la conexión entre el casco urbano y las fincas existentes en este extrarradio:

 

“La obra que se está verificando en la antigua puerta de los Mártires y que como saben nuestros lectores consiste en un hermoso paseo, que partiendo de la Ribera termine en el arroyo de la Fuensanta, es una de las más interesantes que se está llevando a cabo, puesto que el mercado de septiembre facilita el acceso de los carruajes al Santuario, y en todos tiempos pone en comunicación con la capital a muchas fincas importantes. Según creemos como complemento se colocarán unos asientos al lado del río…”[9].

 

Por otra parte, en el año 1865, se acordó plantar 500 acacias en las márgenes del arroyo de la Fuensanta con objeto de convertir “en ameno bosque aquel lóbrego lugar[10], tras haberse realizado previamente varias obras en la fábricas de gas, con el fin de evitar los perjuicios que dicha fábrica, situada junto al arroyo[11], venía ocasionando tanto a la salud pública como a la vegetación, al haberlo convertido en una corriente de aguas sucias.

 

Indudablemente, las modestas reformas realizadas mejoraron ostensiblemente todo este sector. Los comentarios del Diario de Córdoba, partidario ferviente de la fiesta que en él se celebraba, dan la visión de un bello marco festivo donde la luz tiene un peculiar poder dentro del espectáculo junto con las casetas y donde el factor religioso fue la principal apoyatura de este festejo:

 

“Anteanoche se vio bastante concurrido el paso de Madre de Dios y el paraje inmediato al Santuario de Nuestra Señora de la Fuensanta. El devoto templo fue frecuentemente visitado por gran número de personas que, después de beber las milagrosas aguas del Pocito, circulaban por el ameno paraje real, cuya iluminación de gas es espléndida y vistosa, extendiéndose desde la puerta de Baeza hasta la fachada del Santuario. Porción de puestos en la carrera de la Fuensanta, varias buñolerías junto a la referida puerta de Baeza y al lado de aquélla el indispensable Tío vivo… El público circuló con comodidad por las tres calles que a virtud de las últimas reformas, forman el paseo de Madre de Dios”[12].

 

Si bien la revalorización estética, como hemos visto, coincide con la fascinación que la sociedad decimonónica mostró por estos espectáculos, la última gran reforma que se pretendió realizar en este espacio estuvo estrechamente ligada a una noble causa de carácter social, puesto que fue uno de los primeros pasos para intentar abordar el problema de la vivienda de la clase obrera cordobesa.

 

Sobre esta base, en el año 1895, la Comisión de Fomento apoyó su propuesta para que se procediese a urbanizar el Campo de Madre de Dios, alegando a favor de la citada proposición que los motivos que les movía no eran otros que:

 

“…el deseo de favorecer los intereses generales de la población obteniendo la mejora de los barrios extremos de la misma y de que se utilicen los terrenos sobrante (sic) de la vía pública que en ellos existen y que provechosamente pudieran destinarse, entre otros fines, a la edificación de viviendas para obreros”[13].

 

A todas luces, el plan propuesto aunque no llegó a materializarse en este siglo, no deja de tener gran interés, al ser la primera vez que el Ayuntamiento se ocupó del problema de la vivienda obrera, preparando un terreno comunal del extrarradio para estimular la construcción de habitaciones baratas.

 

Conviene además señalar que, sin duda, la elección de este espacio para asentar a la población obrera no fue casual, pues como hemos tenido ocasión de constatar esta asignación se mantuvo, siendo precisamente estos terrenos, junto con otros situados delante del convento de San Cayetano en el barrio de las Ollerías, los ofrecidos en la segunda década del siglo XX a la Sociedad Constructora de Casas Baratas[14].

 

En consecuencia creemos, que la elección que desde un principio se hizo de estos sectores periféricos, se apoyó, como hace tiempo señaló López Ontiveros[15], en la existencia, en los dos casos señalados, de unos pequeños arrabales que surgieron al amparo de los edificios religiosos existentes en estos bordes de la ronda, que además facultaron el asentamiento en ellos de las primeras instalaciones industriales que, a mediados del siglo, comenzaron a aparecer en Córdoba. Siendo además también los receptores de algunos establecimiento (sic) públicos como el Matadero, o benéficos como el Asilo de Mendicidad.

 

Por consiguiente se trata de un suelo que a la ciudad burguesa no le interesa ocupar y de ahí sus bajos precios frente a la rápida revalorización que se constata en la ronda Occidental y de los Tejares, pues como podremos comprobar los terrenos, que durante estos últimos años del siglo XIX, se sacan a venta tanto en el barrio de las Ollerías, como en el Campo de Madre de Dios, en ningún caso se valoran a más de 1 pta por m2, factor que lógicamente fue decisivo también a la hora de elegirlos para la construcción de viviendas modestas.

 

Acogida favorablemente la propuesta de la Comisión de Fomento, dado el noble fundamento en que se apoyaba, el Ayuntamiento ordenó la realización del proyecto que fue aprobado definitivamente el 25 de julio de 1895[16].

 

El citado plan de urbanización abarcaba dos aspectos:

 

  1. La alineación de la Carrera de la Fuensanta y del borde de ronda comprendido ente la calle de Agustín Moreno y la Ribera.
  2. La parcelación de los terrenos del citado campo.

 

Gracias a la descripción que el arquitecto municipal, Patricio de Bolomburu hizo de este espacio, podemos conocer perfectamente no sólo cual era su estado sino también sus linderos exactos (figura 53):

 

“Limitan este campo al N.E. la Carrera de la Fuensanta; por el S.O. los barrancos de la cuesta de la pólvora; al S.E. unas casas antiguas, y la moderna con que ha hermoseado aquel sitio D. Eduardo Álvarez; al N.O. la barriada comprendida entre la Ribera y la calle de Agustín Moreno.

 

Una parte de la superficie limitada dentro de los linderos expresados, se ha utilizado ya, con el paseo de Madre de Dios, extensa planicie en que se celebra la velada de la Virgen de la Fuensanta.

 

Contribuye a dar importancia a este sitio las calles que afluyen a él, pues desembocan por el N.O. el paseo de la Ribera y las calles del Tinte y Agustín Moreno, por el N.E. la carrera de San Antón; por el S.E. la carrera de la Fuensanta y por el N. el camino que conduce a la Barca de los Arenales”[17].

 

Como puede observarse en el plano, la regularización que el arquitecto propuso para la alineación de la Fuensanta era de poca importancia debido a la necesidad de respetar la fachada del exconvento de Madre de Dios y de unas casas contiguas de reciente construcción, al tiempo que con ella se evitaban costosas expropiaciones. Por el contrario, la alineación propuesta para el borde comprendido entre la calle de Agustín Moreno y la Ribera era de mayor importancia porque obligaría a los edificios existentes a ir avanzados hasta la nueva línea marcada, pero en ningún caso motivaba expropiaciones.

 

Con respecto al terreno que se trataba de urbanizar éste quedó dividido en cuatro manzanas, subdivididas a su vez en ocho solares. El destino que se le pensaba dar fue determinante a la hora de asignar la superficie de las casas:

 

“Se han trazado los solares pequeños con 14’50 m. en el frente y 13’76 m. de fondo, resultando cada solar con una superficie de 199’50 m2, que pueden repartirse para dos casas de obreros”[18].

 

El precio asignado al m2 variaba en función de la situación que ocupase el solar, fijándose el valor de 50 céntimos al m2 de los dieciséis solares situados en las esquinas de las manzanas, mientras que el precio determinado al m2 de los solares intermedios fue de 30 céntimos. Así pues los 6384 m2 que constituían la superficie total de los 32 solares quedó evaluada en 2553’60 ptas.

 

Por último, con el fin de lograr que en poco tiempo quedase el campo urbanizado se acordó vender los solares bajo la condición de que las casas fuesen construidas en un plazo determinado.

 

Inmediatamente, el Municipio plenamente convencido del beneficio de esta reforma y ante la necesidad urgente de paliar la crisis obrera existente en la ciudad, contrató a 40 obreros con un jornal de 1 pta. diaria, para realizar el desmonte del citado campo, principiando estos trabajos en el mes de enero de 1896[19]. Pero aunque el terreno quedó preparado, la urbanización no llegó a hacerse realidad.

 

Las causas de este fracaso no nos han sido reveladas por la documentación que hemos tenido a nuestro alcance. No obstante creemos que la respuesta está en que, como siempre, las posibilidades económicas primaron sobre las necesidades de la población pues, por una parte, aunque el Ayuntamiento reconoció la conveniencia del proyecto su siempre precaria situación económica no le permite nada más que promoverlo no pensando en ningún momento en su patrocinación, y por otra parte el hecho de tratarse de una inversión que dejaría un corto margen de beneficios no despertó el interés del capital privado.

 

De modo que partiendo de estas características difícilmente podía prosperar, salvo que hubieran primado razones filantrópicas, puesto que la burguesía cordobesa, al parecer, prefirió encauzar sus capitales por otros derroteros[20].

 

 

IV.1.2 El XX: el levantamiento del barrio

 

En realidad el barrio de la Fuensanta urbana es del siglo XX. Sólo excelentes relatos como los tejidos anteriormente o alguna imagen de archivo pueden servirnos para comprender que el espacio del que hemos venido escribiendo era un ruedo urbano. Por ser una invención del Veinte, los textos se amontonan, y en este afán de espigar claves de interpretación, nos vemos sumidos en un maremagno difícilmente seleccionable. En cualquier caso, vamos a ordenar algunas piezas de la geografía urbana local que, unidas, permiten visualizar los estadíos por los que ha pasado el espacio que nos incumbe, de huertas a polígono.

 

En primer lugar, enunciaremos algunos textos que permiten encausar los orígenes, comprender mejor algunos de los motivos que nos permitan saber las coordenadas de la ocupación humana de manera definitiva:

 

  1. La cuestión de la vivienda, la falta de ella, es el principal problema planteado en nuestra ciudad entre 1940 y 1958. El incremento de la población, originado fundamentalmente por el continuo afluir de inmigrantes a la ciudad, ante la falta de trabajo en el campo y los pueblos, con la esperanza de encontrar alguna ocupación en las industrias de la capital o en el sector de servicios, junto con la debilidad de la producción inmobiliaria cordobesa –en este período especialmente dificultada por la falta y carestía de los materiales para la construcción-, hace que el problema de la vivienda adquiera unos tintes realmente dramáticos.

 

El fenómeno del chabolismo, ya existente con anterioridad y circunscrito a núcleos concretos y aislados, se generaliza por estos años, de tal forma que, como en otras ciudades españolas, en Córdoba las chabolas crean un auténtico cinturón de pobreza y miseria en torno al casco urbano[21].

 

2.     El considerable impulso ascensional de su población no encontró reflejo ni correlatos sobresalientes en la fisonomía de la Córdoba del primer tercio del siglo XX. Proyectos de un nuevo urbanismo no escasearon, aunque ninguno cristalizó. (…) Sin necesidad de expansionarse, la Córdoba de la época crecería hacia el interior, colmatando los amplios y numerosos intersticios de su morfología –solares, corralones, huertas, puertas, etc.-.

 

[…] Si el derribo en 1904 de la Puerta Nueva supuso el punto final de la empresa iniciada medio siglo atrás de liberar al viejo recinto –que ya comenzaba a ser denominado ‘casco histórico’- de su enclaustramiento multisecular, la remodelación sufrida por otra de las empresas urbanísticas emblemáticas del XIX, el paseo del Gran Capitán, entre 1925-1929,….

 

[…] Finalmente, también comenzó a suscitarse en los años veinte la necesidad de un plan de ensanche ante la aparición de zonas periféricas y suburbiales desprovistas de regulación y, a veces, de estética, como la mayor parte de las promovidas en San Cayetano, Campo Madre de Dios y el Marrubial por la entidad benéfica, auspiciada por la Mitra, ‘Cooperativa La Solariega de Córdoba’”.

 

[…] El crecimiento demográfico y la expansión económica y social que, pese a todas las limitaciones y carencias, conocería la ciudad durante su última andadura histórica, introdujeron en su fisonomía modificaciones de indudable entidad, bien que muy pocas veces ésta fuera de índole estética. El más conocido de los cambios fue sin duda resultado del frenesí constructor que se apoderó de ella una vez concluida la contienda y mantenido a lo largo de un decenio –a fines de los sesenta la ciudad se extendería a través de 600 has. La abundancia de solares y zonas abiertas que incluso en el interior ofreciera hasta entonces Córdoba, daría paso a casas y edificios que hicieron desaparecer su aspecto de capital vacía, un tanto fantasmal, que planos e imágenes habían dibujado durante siglos.

 

[…]…mientras que en la construcción de las barriadas de la Fuensanta y Santuario, inauguradas en los setenta, pudieron enmendarse afortunadamente gran parte de los yerros cometidos en la puesta a punto de aquél [se refiere al Polígono de Levante], presentándose, además, como áreas que resolvían en buena medida el déficit de viviendas padecido por la ciudad desde una década atrás[22].

 

3.     El moderno crecimiento urbano de Córdoba se realiza en un dilatado período. Es un crecimiento a ‘saltos’, discontinuo y desordenado, que surge de iniciativas muy dispares y cuya dirección obedece a la búsqueda de objetivos sociales, economías en el factor suelos o plusvalías localizativas. La mayoría de las veces, dicho crecimiento sigue el trazado de las vías de comunicación y, con ello, deja numerosos espacios intersticiales, que la actual planificación maciza para dar al conjunto un aspecto más coherente y equilibrado.

 

[…] Los barrios de la periferia oriental. En el proceso de desarrollo de la periferia cordobesa la expansión hacia el este se inscribe en fecha relativamente tardía. Buena culpa de ello la tiene la primacía de otros emplazamientos, más valorados por la ubicación del ferrocarril, y la existencia aquí de instalaciones que consumían abundante suelo, desarticulaban el espacio y actuaban incluso como factor repulsivo (Cementerio, Matadero, Fábrica del Gas…). Ello determinará que hasta mediados de siglo las rondas orientales y surorientales sigan siendo la referencia en la delimitación de la ciudad por el este. Desde entonces la zona seguirá las directrices comunes en la ocupación periférica, si bien las grandes iniciativas unitarias (Cañero o Fuensanta) darán aquí más cohesión al desarrollo, sin evitar su diacronismo y discontinuidad, lo que explica su heterogeneidad.

 

Cuando la ciudad salta sus murallas y no encuentra claras rondas de separación con el antiguo tejido urbano, el engarce resulta complicado y el resultado es más producto de rellenos o reformas interiores que de verdadera expansión[23].

 

Tras este enmarcamiento, nos queda ir al grano, esto es, reproducir los textos geográficos que nos parecen resumir mejor el acontecer urbanístico, la creación del barrio Fuensanta-Santuario en el contexto de la absorción que el éxodo rural comenzó a deparar a partir de los años 50 en pleno proceso de desagrarización[24]. El carácter sintético de todos ellos nos permite comprender las pautas que dieron lugar a uno de los más populosos y vastos barrios del extrarradio cordobés, que unido a su famosa historia, lo convierten en referencia indispensable para comprender el devenir contemporáneo de la ciudad.

 

Comencemos con García Verdugo, que incardina el planeamiento sectorial en el diseño general de ciudad que se empieza a esbozar en el primer planeamiento legal de 1958[25]:

 

El largo proceso de gestación del planeamiento urbanístico en Córdoba culmina con la aprobación del Plan General de Ordenación Urbana que, en primera instancia, obtiene la aprobación ministerial el 3 de diciembre de 1958 y es aprobado definitivamente, tras la subsanación de una serie de deficiencias, con fecha de 27 de julio de 1961. A los pocos meses el Ayuntamiento promueve su revisión para adaptarlo a las nuevas circunstancias surgidas con posterioridad a la aprobación, siendo rechazada tal pretensión por parte de la Dirección General de Urbanismo el 10 de mayo de 1963, toda vez que no había transcurrido el tiempo necesario contemplado por la ley a tal efecto.

 

El Plan General de Ordenación pertenece a la serie de planes que la Ley del Suelo de 1956 obliga a los Ayuntamientos a dotarse con la finalidad de establecer el marco de reglas de juego del desarrollo urbano que por entonces, de forma acelerada, tiene lugar en las ciudades españolas.

 

La fuerte necesidad de viviendas sentida en la ciudad en los años 50 y 60, debido fundamentalmente al notable incremento demográfico y a la falta de condiciones de habitabilidad de muchas de las viviendas en el casco histórico, es el factor determinante del crecimiento y transformación del espacio urbano. Ante esta realidad, el Plan General clasifica gran cantidad de suelo en torno a la ciudad existente para la construcción de viviendas, con lo que se va a quebrar el ritmo de crecimiento que hasta entonces se venía dando en Córdoba: de un crecimiento pasado que iba ganando lentamente pequeños territorios de la periferia inmediata, que iba colonizando huertas próximas, se pasa a la implantación de los grandes polígonos residenciales en la periferia, con los que se duplica su extensión.

 

En los años 60 y 70 se produce este crecimiento explosivo a modo de fragmentos de ciudad desparramados por el territorio circundante, trozos aislados y dispersos cuya razón de ser es el bajo precio del suelo que posibilita una mayor acumulación de beneficios, en tanto que, entre unos y otros, quedan grandes bolsas de suelo intersticial a la espera de su revalorización

 

Esta expansión a salto se apoya en la infraestructura viaria ya existente, normalmente situando las nuevas piezas residenciales en los bordes de los ejes radiales que tienen como origen o destino la ciudad, sin que se construyan nuevas vías de comunicación entre las distintas partes de la periferia, que forzosamente han de comunicarse entre sí a través del centro. Estructura de realización que se ve notablemente interferida y dificultada por la existencia de las barreras que suponen la infraestructura ferroviaria y el río Guadalquivir, problema que en este período no encuentra solución, entre otras muchas causas, por la escasa colaboración de la Administración central para la mejora de la red viaria cordobesa.

 

La gran expansión cordobesa se concluye en 1973 con motivo de la crisis económica que afecta al país. Hasta ese momento toda una serie de intervenciones han venido a configurar esta orla periférica: Polígono de Levante, Fátima, Fuensanta, Sector Sur, Parque Cruz Conde, Vista Alegre, Poligonote, Parque Figueroa, etc. Desde entonces y durante los seis años que se prolonga la crisis se produce una pequeña recuperación que se corresponde con la promoción del Polígono Santuario, Miralbaida y Parque Azahara, fundamentalmente. En conjunto, en los 25 años de vigencia del Plan se aprueban más de 20 planes parciales para primera residencia, abarcando 483 hectáreas en las cuales, en lugar de las 40845 viviendas previstas, se han construido 51207 con el consiguiente aumento de su densidad.

 

En el proceso de creación de la nueva ciudad el papel de la promoción privada ha sido limitado y selectivo, reflejando este sector una estructura económica minifundista y fuertemente competitiva que centra su actividad en operaciones aisladas en la periferia de más calidad y en operaciones puntuales de renovación del espacio central de la ciudad. Cuando la transformación no se combina con una fuerte dinámica de crecimiento o ante la escasa capacidad adquisitiva de la demanda, la iniciativa privada se ampara en la tutela de los poderes institucionales que cubren los sectores no solventes del crecimiento (fundamentalmente a través de las viviendas de protección oficial, que han supuesto más del 60% del total construido)[26].

 

En segundo lugar, y bajando al terreno propio de lo inmediato, reproduciremos dos textos de López Ontiveros que vienen a concretar la construcción del barrio en este contexto evolutivo visto:

 

1.     En otro orden de cosas, el primitivo Polígono de la Fuensanta, promovido por el INUR, fue aprobado en 1961 para una primera fase de 37’5 has., con posterior ampliación –1963- (2ª fase) hasta 44’36 has. E incluso después –1968-, bajo la denominación de polígono Santuario se incorpora una tercera fase del anterior plan parcial. Pero aún se pergeñaría ‘un plan parcial de ordenación del polígono residencial Fuensanta-Santuario… Estudio de detalle para la acomodación a la realidad física’ porque: hubo deficientes dotaciones (de aparcamientos en el viario, centros comunitarios, instalaciones deportivas, parcelas escolares, etc.) en el propio planeamiento; porque las densidades previstas darían una masificación pasándose de 130’8 viv./ ha. a 81’3 y la ocupación del suelo edificado de 41’7 por ciento al 26’43; y porque había que ampliar la superficie de 69129’50 m2. El resultado, ejecutado en el decenio de los setenta, ha sido un planeamiento y construcción de todo el conjunto como una unidad, que podemos sintetizar de la siguiente manera:

 

a)        Ha supuesto una eficaz solución a la escasez de viviendas, puesto que es la realización más ambiciosa de viviendas sociales de cuantas habían tenido lugar en Córdoba: un total de 5573 viviendas de las que 3607 corresponden a la Fuensanta y 1966 a Santuario.

 

b)        La modificación última de los planes precedentes ha supuesto urbanísticamente una notable desdensificación de estos polígonos, mucho menos angustiosos que tantos otros del INUR, y a lo que contribuye la baja densidad de viviendas por ha. (81’3 en Fuensanta y 57’18 en Santuario), el alto porcentaje de zonas libres y viales (respectivamente 47’1 por ciento y 45’2), la aceptable dotación de equipamientos y servicios [se previeron 25600 m2 para otros usos] y la moderación de las alturas (de 4 a 8 en los bloques para viviendas y de 1 a 2 en los locales comerciales y sociales). No obstante, la superficie por vivienda es la típica de viviendas modestas –entre 80 y 114 m2 según los casos- y la gestión práctica y conservación actual de los espacios libres, edificios sociales, viales, etc. adolece con frecuencia de abandono y degradación.

 

Unas cuantas conclusiones respecto a toda la expansión oriental, que la caracterizan en conjunto, nos ayudarán luego a definir la problemática de la periferia cordobesa. Ellas son:

 

  1. Se entremezclan la iniciativa pública-municipal y estatal y la privada, pero con neto predominio de la primera.
  2. Es una expansión netamente residencial hasta los límites espaciales aquí comprendidos (habiendo desaparecido o estando en vías de ellos los restos de industrias) propia de clases medias y obreras.
  3. En morfología, alturas, aspectos constructivos, etc. el conjunto se presenta como heterogéneo como todas las superficies, pese a que los polígonos Fuensanta-Santuario sean en gran medida homogéneos.
  4. La ronda Este con todo el tráfico de Madrid introduce una auténtica solución de continuidad entre el casco histórico y la periferia, siendo este sector uno de los más afectados por este grave problema infraestructural de la ciudad.
  5. El dinamismo expansivo residencial de la ciudad en esta dirección aún puede ser grande hasta que se macice…[27].

 

2.  La expansión periférica de Córdoba. El primer hecho a destacar en esta expansión es el carácter muy reciente y comparativamente retrasado en relación con otras ciudades españolas.

 

[…] Pero posteriormente por la explosión demográfica aludida y al socaire del ‘desarrollismo’ de los últimos decenios, por más que la ciudad siguiera con débil base económica urbana, se produce su potente centrifugación, que configura una periferia,[28]

 

[…] a) El Este periférico. Históricamente se posibilita una tímida expansión de Córdoba en esta dirección apoyándose en iglesias y otros edificios religiosos y benéficos instalados en el límite de las murallas (Padres de Gracia e Iglesia del Carmen) o francamente exteriores (Asilo de Madre de Dios), que facultan tempranas instalaciones industriales (fábricas de Cordelería), arrabales (barrio de San Antón) e incluso el cementerio de San Rafael.

 

Pero la situación en esta periferia permanece estacionaria hasta que de 1945 a 1955 el patronato benéfico de la Sagrada Familia promueve el Barrio de Cañero. Su carácter completamente excéntrico en el momento de su creación impulsa la atracción hacia él del Barrio del Marrubial, que por iniciativa privada había ido creciendo junto a la ciudad vieja, hasta que recientemente se produce la fusión. En estas circunstancias dos grandes realizaciones de los años sesenta y setenta, Polígono de Levante y de Fuensanta-Santuario, vienen a macizar parte de los intersticios y a impulsar la zona. El primero fruto de un compleja trayectoria, integra la iniciativa pública y privada, y el segundo es promovido íntegramente por el INUR[29].

 

Podríamos seguir indefinidamente, y no es plan. Con esta dosis de extractos creemos aportar una suficiente carga de datos y valoraciones para comprender dos cosas: una, que La Fuensanta tiene una historia profunda y atrayente, y dos, que la historiografía y la geografía han abordado con especial interés el barrio quizá por lo antedicho.

 

Terminemos este repaso territorial con un par de citas actuales y de distinta escala que bien pueden completar la evolución que ha permitido rematar el desarrollo del barrio en el estado en el que lo conocemos actualmente, dentro de una enorme transformación reciente, desde los años noventa para acá:

 

 

1. Dos ejemplos de iniciativa pública y social. El endémico problema de la carencia de viviendas se acentúa, si cabe, durante los años 70, sobre todo referido a las viviendas de rentas más bajas. Prueba de ello son las pésimas condiciones de habitabilidad en que por entonces se desenvuelven muchas familias modestas. Para paliar la situación se emprenden en los años 70 y 80 dos grandes proyectos de iniciativa pública: Fuensanta-Santuario y polígono Guadalquivir. Origen, desarrollo y resultados mantendrán puntos de convergencia y, a la vez, marcadas diferencias.

 

 

Las primeras surgen al hilo de la cronología y la ubicación. En Fuensanta, el Instituto Nacional de Urbanización toma la iniciativa del proyecto, aprobado en 1961 y ampliado en 1968 para acoger al polígono Santuario, promovido por la Caja Provincial de Ahorros. Las avenidas de Nuestra Señora de la Fuensanta y Ministerio de la Vivienda separan ambos sectores. […]

 

En cuanto a la situación hay grandes diferencias. Fuensanta-Santuario ocupa un espacio adyacente al casco antiguo, rellenando una clara discontinuidad en la expansión hacia el este. […]

 

En Fuensanta-Santuario se diseñará un ambicioso proyecto para crear un barrio de expansión periférica, en base a la construcción de 4900 viviendas de tipo económico, reducidas a 3600 en la fase de ejecución. Su superficie oscilará entre los 50 y los 120 metros cuadrados pero con dominio del intervalo hasta 80. Dado que se buscará el máximo aprovechamiento del espacio, se propone el modelo de bloques de viviendas en altura, con separación máxima entre ellos igual a la altura del bloque. […]

 

La planificación, buscando la variedad tipológica que evite la excesiva uniformidad, diseña en Fuensanta-Santuario varios sectores en base al volumen de edificación que van desde las viviendas en bloques de 4 plantas y dos crujías, hasta viviendas en bloques de 7 y 8 plantas. […]

 

Fuensanta-Santuario acusó iniciales deficiencias en dotaciones comunitarias (carencias de aparcamientos, instalaciones deportivas, escolares…) que comenzaron a paliarse con la construcción del Club Santuario (1973) y con el proyecto de reparación y equipamiento urbanístico del polígono de la Fuensanta (1974). […]

 

A la vista de similares iniciativas públicas Fuensanta-Santuario ha de valorarse positivamente, al haber proporcionado a muchas familias la posibilidad de acceder a su propia vivienda, mejorando sustancialmente sus condiciones anteriores. Es además evidente que mejora notablemente la calidad del espacio habitable frente a otros proyectos de similares características[30].

 

 

2. La construcción de la ciudad actual. Desde mediados de los años 70 se producen en nuestro país una serie de cambios socioeconómicos (ralentización de la inmigración a las ciudades, preocupación y reacción contra la destrucción de la ciudad y su patrimonio edificado, y resurgimiento de los movimientos sociales urbanos reivindicativos de una mayor calidad de vida), que unidos a la llegada de la democracia y los primeros gobiernos municipales democráticos llevan a un replanteamiento y cuestionamiento de la realidad de la ciudad construida en los últimos decenios, tras lo cual se concluye en la necesidad de intervenir sobre ella desde presupuestos diferentes a los empleados hasta entonces.

 

 

Frente a la realidad urbanística contemporánea, introducida por un modelo de crecimiento ilimitado propugnado por unos planes que no pudieron o no supieron imponer un orden por haber sido incumplidos, desvirtuados o sobrepasados, y cuyos resultados son insatisfactorios ante las nuevas demandas sociales, surgen a principios de los 80 una serie de planes de ordenación que abogan fundamentalmente por el respeto de la ciudad construida y cuyas características básicas se concretan en el control y la ordenación formal del crecimiento urbano, el planeamiento de los lugares de la ciudad y la definición formal del espacio público y de su cualificación. En esta corriente podemos incluir el Plan General de Ordenación Urbana de Córdoba aprobado el 14 de agosto de 1986, que dirige la formación de la ciudad actualmente.

 

[…] El problema actual ya no es tanto crear gran cantidad de viviendas como el de crear ciudad, completarla y arreglarla, ordenar el caos y resolver las infradotaciones de la periferia, etc.

 

Para la consecución de estos objetivos resulta de especial importancia la definición, hecha por el plan, de una red viaria compuesta de rondas y viario medio que garantice la relación y conexión de los diferentes barrios de la ciudad, dando continuidad a los itinerarios, penetrando en las tramas hasta entonces impenetrables, salvando barreras como el ferrocarril y el río, y reencontrando las relaciones de la ciudad con el territorio. Para el diseño de esta red no sólo se han tenido en cuenta los aspectos puramente circulatorios, igualmente importante es su capacidad estructurante de la relación entre las distintas partes del conjunto urbano.

 

De igual manera se procede a la definición formal, suficientemente detallada, de las piezas que han de ocupar los espacios vacíos intersticiales que aseguran la contigüidad de la forma urbana, y en las que incluso se propone la ubicación de los equipamientos como elementos generales de actividad, obteniendo el suelo necesario para ello mediante los mecanismos previstos en la ley (de gestión dentro de un reparto de cargas y beneficios entre los particulares, o de expropiación)[31].

 

IV.2 La Fuensanta anfibia

 

La sucesión de leyendas es tan prolija en el tiempo como la sucesión de inundaciones. Parte de las primeras han tenido que ver con las segundas.

 

La Fuensanta, históricamente, ha sido la trocha por la que el Guadalquivir ha llegado presuroso, evitando, cuando la fuerza de las aguas así lo permitía, el meandro en el que se asienta el barrio. El lóbulo se estrangulaba y el agua corría por la Carrera del Puente canalizada entrando desde la Puerta de Baeza. Y cual isla, el Santuario quedaba anegado.

 

Nadie negará que este capítulo forma parte de la ciudad; cuando La Fuensanta se arriaba, media Córdoba se mojaba. Esta situación, de la que quedan hitos en el propio santuario (azulejos), en las jambas de algunas puertas de la Carrera del Puente (véase Bodegas Campos y otras) y en la memoria de las gentes, es inimaginable en la actualidad. La domesticación del río y el labradío extenso y profundo, más las penurias pluviométricas, imposibilitan tales catástrofes. Pero La Fuensanta, agua en su origen, ha sido bañada reiteradamente. Con esta breve selección de textos queremos hacer recordatorio de un lejano paisaje tan aterrador como sentimental:

 

  • El terreno en que está situado este santuario es poco más alto que el del nivel del río, así que en casi todas sus crecidas lo ha inundado como sucedió en 1481, 1554, 1604, 1618, 1626, 1684, 1689, 1692, 1698, 1707, 1708, 1785, 1821 y 1860, siendo tal vez la penúltima la mayor de que hay noticias: en ninguna de ellas ha llegado el caso de ser preciso sacar la imagen aunque han estado preparados hombres al efecto para hacerlo por la espalda del camarín donde hay una ventana y está el terreno más alto[32].

 

  • Los terrenos sobre los que se asienta el santuario, (…), se encontraba a un nivel poco más elevado que el del río Guadalquivir, que transcurre cerca del mismo. Esta proximidad y escasa elevación, fue motivo para que en los tiempos de la invención de la imagen, en los años de grandes crecientes llegaran las aguas a la misma ermita inundándola. (…) Aunque en ninguna ocasión se hizo necesario desalojar la imagen del tiempo por esta circunstancia, se previno poder hacerlo por una ventana situada a la espalda del camarín, en donde el terreno se situaba a una mayor altura[33].

 

  • Unas veces las recias y continuadas lluvias, y otras el deshielo en la provincia de Jaén, han hecho que el Guadalquivir aumente sus aguas de tal manera, que ha puesto en gravísimos peligros a los vecinos del Campo de la Verdad […].

 

En 1481 anduvieron los barcos por las calles de los Lineros, la Curtiduría, la Fuensanta y puerta del Puente.

 

[…] En 1554 (…) hubo por consiguiente algunos barcos en diferentes puntos de la ciudad.

 

[…] En 1618 anduvieron también los barcos por la Fuensanta y la calle de Lineros[34].

 

 

 

IV.3 La Fuensanta festiva

 

Referir La Fuensanta en la actualidad es indefectiblemente hablar de la Velá.. No son parcas las referencias que encontramos en la bibliografía sobre esta madre de las verbenas cordobesas. Cuánto nos gustaría ahondar en tan mágica celebración del calendario festivo local. Con la premura de finiquitar un tan extenso contar, repitamos la táctica del epígrafe anterior apuntando sólo algunas citas de interés:

 

  • …y otra nombrada de Ntra. Sra. de la Fuensanta, la que habiendo sido la única que había en esta ciudad, de muchos años a esta parte se ha convertido en una velada, al contrario de lo que ha sucedido a la anterior [Ntra. Sra. de la Salud]. Se celebra el 8 de setiembre (sic). El principal tráfico de estas ferias consiste en ganado caballar, asnal y de cerda; calderería, belonería, cordonería de cáñamo, cuchillería, instrumentos de labranza, etc. (Nota al pie: A fines del siglo XVII, según se puede discurrir, no había ni feria ni velada en el santuario de Ntra. Sra. de la Fuensanta, pues el doctor Enrique Vaca de Alfaro, autor de una historia de esta imagen que publicó en 1671, menciona en ella muy por menor cuando se hace el día 8 de setiembre (sic) para celebrar la festividad de Nuestra Señora y nada dice de velada ni de feria) [35].

 

  • El día 8 de Setiembre es el destinado para celebrar la fiesta anual a esta imagen, y en él y los dos siguientes se celebra en aquel sitio una feria o mercado que no debe ser muy antigua, puesto que Vaca de Alfaro no la menciona en su opúsculo; sabemos que empezó por una velada y que llegó a adquirir gran importancia, con particularidad en el ganado de cerda; mas ya la va perdiendo, y creemos vuelva pronto a ser lo que en un principio, a pesar de que el Ayuntamiento hace laudables esfuerzos por conservarla[36].

 

  • Tan laborioso como el de San Pedro, pero más tranquilo que éste, era el pequeño barrio de Santiago. En él había algunas fábricas de paño y otras industrias, y en sus alegres casas de vecinos habitaban molineros, barqueros y pescadores. Dos veces al año advertíase inusitada animación en la amplia calle del Sol, hoy de Agustín Moreno; cuando se celebraba la feria de la Fuensanta y la verbena de Santiago.

 

Durante los días de la primera, Córdoba entera desfilaba por dicha calle para visitar el santuario de la Virgen, beber las milagrosas aguas del Pocito y disfrutar de los festejos que se celebraban en el Campo de Madre de Dios[37].

 

  • Desde los inicios fue festejada con gran solemnidad la fiesta dedicada a la Virgen el 8 de septiembre. (…) Aprovechando esta conmemoración, junto al santuario los hortelanos de los alrededores establecieron una feria o mercado de frutas y verduras, de no demasiada antigüedad, en donde se ofrecían al público las ciruelas claudias, los orejones y las avellanas cordobesas y algunos animales domésticos. Su auge fue motivo para que fuese trasladada al Campo de la Victoria en 1862 por orden del Ayuntamiento. A finales del siglo pasado y ante la caída de la devoción, se intentó revitalizarla mediante el estímulo de esta fiesta, organizándose solemne novena y celebrándose en cada uno de sus días notables fiestas costeadas por el Ayuntamiento y el marqués de la Motilla, sucesor en el patronato de Antonio del Corral, con orquesta, iluminación especial, procesión alrededor del atrio y gran concurrencia de un público enfervorizado.

 

Otra faceta de los cultos ofrecidos en honor de la virgen la encontramos en las procesiones[38].

 

  • La fiesta de la Virgen de la Fuensanta, el 8 de Septiembre, se convirtió también en feria, especialmente de frutos. Las ciruelas claudias y los orejones hacían su aparición en abundancia con las avellanas cordobesas. El espacio que hoy ocupa la lonja del mercado, era el paseo. Recuerdo que en mi niñez, yendo con mis padres y hermanos, hubo una alarma; corrió la voz de que se había escapado un león. Todo el mundo corría sin encontrar refugio. Resultó una falsa alarma provocada por la voz de un gamberro. En este día aparecía en la prensa una poesía dedicada a la Virgen por Rafael Vaquerizo Jiménez, ‘el hortelano’, como se firmó durante muchos años. Había nacido en una de las huertas de la Fuensanta; cuando no sabía leer ni escribir, empezó a componer versos a la Virgen y le dedicó una poesía, que colocó entre los ex-votos. Fue protegido y se hizo maestro. Ricardo de Montis, en sus Notas cordobesas, tiene un artículo que termina: ‘Así vivió aquel hombre bueno que se llamó don Rafael Vaquerizo Jiménez, quien al terminar la jornada de la existencia, seguramente dedicó sus últimas frases a la Virgen de la Fuensanta y murió feliz, creyendo que la Virgen le dirigía una mirada de profundo cariño y una sonrisa de inefables dulzuras’.

 

En las obras del llamado polígono de la Fuensanta, la iglesia debe de quedar como en la actualidad[39].

 

  • Los cordobeses también celebran a lo largo del año una serie de ferias en las que el aire festivo se conjuga con las transacciones mercantiles de frutos y ganados. Las fechas de las mismas vienen recogidas en un memorial elaborado por el alcalde mayor don José Jacinto Cebrián a finales de junio de 1789 con destino al Consejo de Castilla: Que en los días de Pascua de Espíritu Santo, 24 de Junio, 25 de Julio, 28 de Agosto y 8 de Septiembre se celebran anualmente en la referida Ciudad y estramuros (sic) de ella unas ferias compuestas de varias manufacturas, comestibles y crecido número de puestos con licores, entrando también en la primera para su venta toda especie de cavallerías (sic) de un dilatado campo destinado a este efecto, estendiéndose particularmente la última por ocho o diez días y en donde se cuentan más de 400 tiendas[40].

 

El testimonio constata de manera fehaciente la existencia de dos grandes ferias y otras de menor entidad en los meses del estío como las veladas de San Juan y Santiago. Aquellas tienen una mayor duración y las fechas coinciden con las que se celebran en la actualidad en honor de la Virgen de la Salud y Ntra. Sra. de la Fuensanta respectivamente.

 

El escrito del alcalde mayor tiene como objetivo la supresión de tales ferias, argumentando que los excesos cometidos atentan a la moral y buenas costumbres: Como aquellas se celebran en las estaziones (sic) más rigurosas del año, resulta una concurrenzia (sic) numerosa por la noche en aquel parage (sic) en las gentes de ambos sexos esparcidas por el dilatado campo y su ynmediaciones (sic), que se hallan situadas en un terreno alto, montuoso y con huertas inmediatas, cuya espesura presta fomento para todo género de excesos imponderables y más quando la citada concurrencia tiene su mayor fuerza en la venta de comestibles, vevidas (sic) heladas y licores desde poco antes de obscurecer hasta las dos o tres de la mañana[41].

 

Aunque el monarca suprime, durante un corto espacio de tiempo, las susodichas ferias, las protestas de labradores y ganaderos dejan sin efecto la prohibición, tras la derogación del real decreto[42].

 

 

 

IV.4 La Fuensanta didáctica

 

Inusual es encontrar un cuaderno didáctico de un barrio (cordobés). Si existiera es porque el barrio invita a ello; lógicamente, también por el interés y la atención del estudioso que muestra una especial sensibilidad con el entorno inmediato. Esa excepcionalidad la cumple La Fuensanta, que cuenta como en pocos casos –que conozcamos- con esa apreciación e invitación didáctica a través de un cuaderno de campo.

 

Vamos aquí a reproducir unos breves párrafos que manuscribimos durante el curso 2006-2007 en la “Introducción” de una investigación escolar titulada “La geografía de Córdoba [I]: trabajo de campo y análisis territorial”, producto de un grupo de trabajo homónimo, y tras fundamentar nuestra propuesta didáctica, hacíamos alusión a algunas fuentes didácticas, para nosotros orientativas, a la hora de acometer dicha apuesta. Sólo pretendemos dejar constancia de este material por su rareza y por su importancia.

 

Así nos manifestábamos:

 

 

Fuentes como santuarios

 

De todo el conjunto de bibliografía conocida, enorme en su volumen y cada vez mayor a cada paso que se da, en este introito nos sentimos obligados a apostillar dos experiencias e invitaciones didácticas que, con diferente sentido, pero con un mismo espíritu, han servido de fuentes inspiradoras y motivadoras.

 

Por una parte, y desde lo cercano, el cuaderno del alumno de la serie Paseos por Córdoba titulado de El barrio de la Fuensanta Santuario, obra de Luis G. Naranjo Cordobés, José L. Ortega Osuna, Francisco A. Díez Belinchón, Juan M. López Domínguez y Leonardo Alanís Falante (Programas de Acción Educativa del Área de Cultura y Educación del Ayuntamiento de Córdoba)[43], editado en 1992, y que nos ha servido como referente de cuánto se puede llegar a experimentar en esa libre escala, ya referida, con la que podemos actuar desde nuestra disciplina. Sin entrar en detalles y con la mera intención de referenciar la obra como guía, para nosotros en cuanto a su practicidad y alto interés,  y ejemplo procedimental y metodológico para cualquiera que desee progresar en su construcción cognitiva y profesional, sí queremos entresacar la buena intención que condujo a sus autores a romper rutinas docentes que, con modestia, nos gustaría calcar:

 

Sucede con frecuencia que dedicamos más horas de estudio a cuestiones importantes, sin duda, pero lejanas en el tiempo o en el espacio, que a determinados aspectos de nuestra vida y nuestro entorno que diariamente nos afectan.

 

(…) Lo que te proponemos precisamente en este cuaderno es dedicar un poco del tiempo de trabajo a reflexionar sobre estas cuestiones cercanas que condicionan nuestra calidad de vida actual y prefiguran el marco de los años futuros.

 

Por ello, hemos elegido como objeto de estudio “El Barrio”,(…).

 

Esperamos que el esfuerzo y la atención que vas a dedicar a este cuaderno de trabajo, sirva para que conozcas algo mejor el mundo en el que vives (ese mundo que empieza bajo nuestros pies y se extiende hasta el infinito) y, conociéndolo, puedas sentirte en el más libre y más capaz de transformarlo[44].

 

 

IV.5 Fin

 

Como hemos venido diciendo en el cierre de algún fascículo anterior, las Ciencias Sociales comienzan y no terminan. La resistencia es una de sus virtudes o defectos, ese motivo que inoportuna tanto a más de un alumno y alumna; hay que, como decimos algunos, calentar la silla, hincar codos o quitarse el reloj.

 

Bueno, con cierta premura (sin que suene jocoso), le pusimos fin. Sólo, después de esta maratón, esperar que el barrio sea mirado con otros ojos, y que hayamos contribuido, aunque levemente, a querer más lo que se tiene a la vuelta de la esquina. Todos, absolutamente todos, podemos mejorar el entorno próximo[45]. El conocimiento de nuestra historia, de las múltiples perspectivas con las que pueden ser miradas las cosas, producirá valores cívicos, de ciudadanía comprometida y respetuosa; calidad de vida.

 

Echamos el cierre definitivo; y como hemos bebido de personas que tanto han sabido y querido al barrio, igualmente vamos a compartir el último párrafo de un trabajo más que recomendable que escribió Juan A. García Molina[46], el cual, literalmente, suscribimos y saludamos:

 

Ahora, con una serie de años de perspectiva, tenemos que valorar positivamente el proyecto de Fuensanta-Santuario, que ha sido un aporte decisivo para paliar el acuciante problema de falta de viviendas en los años 70. Para muchas familias de clase media-baja o baja, el polígono vino a ofrecerles la posibilidad de acceso a una vivienda propia, mejorando sustancialmente sus condiciones anteriores, ya que salvando cualquier tipo de consideraciones al respecto (excentricidad espacial, fallos de planeamiento o ejecución, consideración del perfil social…), lo cierto es que como espacio habitable el conjunto tiene poco que envidiar a otros sectores de superior categoría. En este sentido, la realización del Polígono Fuensanta-Santuario fue, en el contexto de la evolución urbana de Córdoba en los años 70, un gran acierto.

 

 

 

SELECCIÓN DE ACTIVIDADES (A MODO DE EJEMPLO)[47]

 

  1. Actividades de preparación de la salida

 

  • Apartado “Espacio”: Disponemos del Mapa 1:50.000, y el callejero 1:10.000.
    • Describe los accidentes naturales que enmarcan la ciudad y sus características físicas.
    • Señala las principales vías de comunicación, indicando su orientación y las principales ciudades que unen.
    • Realiza un croquis señalando todos los datos anteriores (usa colores y símbolos convencionales).
    • ¿En qué parte de la ciudad se localiza el barrio de la Fuensanta-Santuario?
    • Escribe los nombres de los barrios circundantes indicando su orientación respecto al barrio Fuensanta.
    • Dibuja el contorno del barrio, señalando con diversos colores los límites urbanos, los rurales y las vías de comunicación.
    • Apartado “Relaciones con el entorno”: Señala en el plano mudo de la ciudad, el recorrido de la línea de autobuses nº 7 e intenta explicar a qué usos de la población se debe el recorrido que realiza.
    • Apartado “Historia y futuro del barrio”: En los planos de Córdoba de 1920 y actual, puedes encontrar bastante información sobre cómo estaba organizado el espacio que en la actualidad ocupa el barrio objeto de estudio. Como guía puedes utilizar las siguientes interrogantes:
      • ¿Qué terrenos ocuparía en el plano de 1920?
      • ¿A qué se dedicaban esos terrenos?
      • ¿Hasta dónde llegaban los límites del casco urbano?
      • ¿Aparecen modificaciones de los límites y del uso del suelo en el plan actual?
      • ¿En qué planos aparece como suelo urbano?
      • ¿Qué construcciones había en un principio? ¿Cuáles de ellas han ido desapareciendo? ¿Cuáles han permanecido hasta nuestros días?
      • ¿Qué arroyos atravesaban los terrenos que ocupa? ¿Qué ha ocurrido con ellos?

 

Para realizar esta actividad debes comparar constantemente los planos y observar la evolución del espacio.

 

  1. Actividades de trabajo de campo

 

  • Parada El río: Apartado “Contrastes espaciales”: Desde la curva del molino de Martos puedes observar el paisaje del río a la altura del estadio y del barrio de la Fuensanta (aguas arriba) y a la altura del casco histórico, Puente Romano y Mezquita (aguas abajo). En tu cuaderno de campo señala las diferencias y contrastes más significativos que observes entre uno y otro espacio. Procura fijarte en aspectos como: Tipo y abundancia de construcciones, usos del suelo, densidad de población (en términos de mayor/menor), belleza y valor estético del paisaje, cuidado o abandono de las orillas, ¿para qué se construyeron las murallas que circundan el río?, ¿Cuál es más antigua?, ¿Sobre qué punta del Guadalquivir construirías un puente para facilitar la comunicación del barrio con la Barriada de Miraflores?
  • Parada Santuario de la Fuensanta: Apartado “Espacio”: Sitúate en el centro de la plaza. Localiza y representa en el plano dónde está exactamente esta ermita. Describe sus alrededores. ¿Qué usos tiene la plaza? Realiza dibujos de la fachada y el humilladero. Destaca con dibujos o fotografías los aspectos artísticos del edificio. Pide información al párroco sobre estos aspectos.

 

  1. Actividades de generalización y conceptualización:

 

  • Apartado “Población”: Vamos a elaborar una pirámide de población del barrio en el año 1988. Utiliza los recursos que aparecen en la carpeta de población. Comenta dicha pirámide.

 

 

 

  1. Obtención y expresión de conclusiones:

 

  • Libro del barrio: cada grupo va a actuar como si fuese un famoso escritor de novelas y cuentos, elaborando un Libro del barrio donde aparezcan las cuestiones que más nos han llamado la atención o que nos parezcan más importantes. Podemos vivir el libro en cinco capítulos:
    • Lo que sé sobre el barrio.
    • Represento el barrio.
    • Lo que opino sobre el barrio.
    • La prensa en el barrio.
    • Sumario y bibliografía.

 

 

 

BIBLIOGRAFÍA

 

 

 

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  • LÓPEZ ONTIVEROS, Antonio (1981): Evolución urbana de Córdoba y de los pueblos campiñeses. Córdoba. Diputación Provincial. Col. Estudios cordobeses, 11 (2ª edición)
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  • LÓPEZ ONTIVEROS, Antonio (1994): “La Córdoba cristiana de los siglos XIII-XV”, en VV. AA.: Córdoba capital. III. Geografía. Córdoba. Caja Provincial; 219-222
  • MADRAZO, Pedro de (1884): Córdoba. Barcelona. Ed. El Albir, 1980
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  • MURILLO VELARDE, Pedro (1752): Geographia de Andalucía [1752]. Sevilla. Editoriales Andaluza Unidas. Col. Biblioteca de Cultura Andaluza, 80, 1988
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  • RAMÍREZ DE ARELLANO, Rafael (1904): Inventario monumental y artístico de la provincia de Córdoba. Córdoba. Ed. Monte de Piedad y Caja de Ahorros de Córdoba, 1983
  • RAMÍREZ Y DE LAS CASAS-DEZA, Luis Mª (1867): Indicador cordobés. Manual histórico topográfico de la ciudad de Córdoba. León. Ed. Everest, 1976 [edición hecha a partir de la 4ª -1867; la 1ª fue de 1837]
  • SALCINES LÓPEZ, Manuel (1983): Breve historia de Córdoba y sus monumentos. Córdoba. Excmo. Ayuntamiento de Córdoba. 3ª edic, actualizada
  • SÁNCHEZ, Jerónimo: Descriptio Cordubae [traducción de NIETO CUMPLIDO, Manuel (1992): “La ciudad a fines del siglo XV”], en NIETO CUMPLIDO, Manuel y MORENO CUADRO, Fernando (1992): Córdoba 1492. Ambiente artístico y cultural. Córdoba. Cajasur.
  • VALVERDE MADRID, Mercedes (coord..) (1987): Córdoba viva. Córdoba. Ed. Caja Provincial de Ahorros y Asociación de Amigos de Córdoba; 165
  • VÁZQUEZ LESMES, Rafael (1987): La devoción popular cordobesa en sus ermitas y santuarios. Córdoba. Ed. Monte de Piedad y Caja de Ahorros. Colección de Bolsillo, 5; 83-115
  • VÁZQUEZ LESMES, Rafael: “La Fuente Santa”, en VV. AA. (1996): Colección Córdoba. I. Cap. 10. Córdoba. Cajasur y Diario Córdoba.
  • VILLAR MOVELLÁN, Alberto (dir.) (1995): Guía artística de la provincia de Córdoba. Córdoba. UCO.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

José R. Pedraza Serrano

 

Profesor de Ciencias Sociales. Geografía e Historia del IES La Escribana (Villaviciosa, Córdoba)[48]

 

 

 

 

 


 

[1] BERNIER LUQUE, J. (1966); 82

 

[2] NARANJO CORDOBÉS, L. G. y otros (1992)

 

[3] PEDRAZA SERRANO, J. R. (2009): “El conocimiento geográfico del entorno escolar: actividades experimentales de observación y análisis del paisaje vivido”, (72-85) en VV. AA.: A Inteligencia Geográfica na Educação Século XXI.  Lisboa. Asociación de Profesores de Geografía de Portugal y Asociación de Geógrafos de España.

 

 

 

[4] MARTÍN LÓPEZ, C. (1990): ““Simultáneamente al derribo de este trozo de muralla, tenemos constancia de demoliciones efectuadas en distintos sectores de la muralla que rodeaba a la ciudad, siendo varios los expedientes encontrados en el Archivo Municipal sobre la enajenación de los materiales resultantes de estos derribos durante los años 1868 y 1869, en ellos no se especifica de manera exacta ni los metros de muralla derribados ni el lugar exacto de estos derribos, apareciendo solamente el total de material cubicado y el lugar o sitios donde estos materiales han sido apilados, pero este último dato, creemos que es un indicio claro para conocer, aproximadamente, los sectores que fueron derribados[4].

 

Sirva de testimonio, la nota que el arquitecto municipal, Amadeo Rodríguez, presentó al Ayuntamiento el 11 de noviembre de 1868:

 

“Adjunto remito a V.S. nota de los materiales que existen en los sitios donde se está efectuando la demolición de las murallas, cuyos materiales pueden anunciarse en subasta por montones, estimados todos ellos, clasificados y numerados, pues no es fácil que se presente licitador para el total,  en vista de la abundancia que de día en día va acumulándose V. S. sin embargo puede resolver en este particular debiendo hacer notar que sería conveniente reservar el mampuesto de las puertas de Baeza y Alcolea para cubrir el caño que por aquéllos pasan”[4].

 

Revisados todos estos expedientes, hemos recogido todos los puntos reseñados por el arquitecto en donde estos materiales se encontraban apilados, apareciendo como tales: la puerta de Baeza, Andujar, Sol, Plasencia, el Campo de la Victoria y la puerta de Gallegos, lo que nos pone de manifiesto que, prácticamente fue derribada casi toda la muralla.

 

Por otra parte, otra de las puertas que no tardó en caer fue la de Baeza, cuyo derribo fue realizado en 1869[4]”. (72)

 

[5] Ib.; 241-243

 

[6] Ib.; 243-244

 

[7] Ib.; 252. A este respecto, nos resulta coincidente y representativa la referencia que hace GARCÍA VERDUGO, F. R. (1994): “En resumidas cuentas, este proceso de creación de la centralidad burguesa de la ciudad, desarrollado sin responder a un proyectado plan general o de conjunto sino por partes mediante la yuxtaposición de distintas piezas, viene a significar la disgregación de la integrada ciudad tradicional. La creación de nuevos espacios que obedecen a los principios urbanísticos y estéticos burgueses (vías rectas y amplias que facilitan la circulación, la edificación y el comercio; uniformidad y homogeneidad de las fachadas de los modernos edificios; creación de espacios y edificios públicos de encuentro y relación…), introducen, por una parte, una inicial zonificación funcional en la ciudad al instalarse en este nuevo centro las actividades del gobierno, de intercambio y de relación, y, por otra, una segregación social al asentarse en ella familias acomodadas que desplazan a la antigua población residente, haciendo realidad la conocida dicotomía parte alta y barrios bajos”. (260)

 

[8] AMC: Sec. 7ª Serie 5. Paseos y jardines. Caja 6-4. Exp. S. nº. Relativo a la construcción de unos poyos en la Carrera de la Fuensanta, s.f.

 

[9] DIARIO DE CÓRDOBA: 20 de febrero de 1883. Gacetilla: “Quedará completa”.

 

[10] AMC: Sec. 7ª. Ser. 5. Paseos y jardines. Caja 6-4. Exp. S. nº. Relativo al mejoramiento del aspecto del arroyo de la Fuensanta, s.f.

 

[11] La citada fábrica destinada al alumbrado público y privado de la ciudad fue instalada en el año 1865, a espaldas del exconvento de San Juan de Dios a orillas del arroyo. Vid. sobre su fundación: DIARIO DE CÓRDOBA: 1 de agosto de 1865. Gacetilla: “Útil establecimiento”; y 14 de diciembre. Gacetilla: “Proyecto”.

 

[12] DIARIO DE CÓRDOBA: 10 de septiembre de 1895. Gacetilla: “Notas de Feria”.

 

[13] A. de G.O.U. Armario metálico. Leg. 1. Exp. Nº. 7: Relativo a la alineación de la Carrera de la Fuensanta y urbanización del contiguo Campos de Madre de Dios, s.f.

 

[14] AMC: A/C. Año 1921, (sesión del 5 de diciembre), f º 43; Año 1922, (sesión del 22 de mayo), f º 216; y (sesión del 12 de junio), f º 232.

 

[15] LÓPEZ ONTIVEROS, A. (1981); 157-158 y 166.

 

[16] A. de G.O.U., Armario metálico. Leg. 1. Exp. Nº 7, ya citado.

 

[17] Ibidem

 

[18] Ibidem

 

[19] AMC. A/C. Año 1896, (sesión del 22 de enero), f º 35.

 

[20] MARTÍN LÓPEZ, C. (1990); 252- 256

 

[21] GARCÍA VERDUGO, F. R. (1994); 266-267

 

[22] CUENCA TORIBIO, J. M. (1989); 171-175

 

[23] GARCÍA MOLINA, J. A. (1994); 299 y 309

 

[24] MULERO MENDIGORRI, A. (1991): “Al Este del casco histórico se ha desarrollado la más amplia expansión residencial de la ciudad. Nueve son los barrios emplazados en este eje, con 85605 habitantes y un peso relativo del 29,1% de la población municipal. […] Un segundo momento expansivo se inicia en la década de los sesenta y en el contexto del fuerte crecimiento demográfico de la ciudad, ya aludido. Polígono de Levante (dividido por nosotros en cinco barrios) y Polígono de Fuensanta-Santuario conformarán el armazón residencial del este cordobés, que aún hoy se encuentra en proceso de macizamiento”. (48)

 

[25] GARCÍA VERDUGO, F. R. (1994): La ciudad proyectada por el plan de 1958. El esquema general previsto es de un desarrollo lineal siguiendo el Valle del Guadalquivir, alternándose núcleos residenciales con otros industriales separados por zonas rurales o no urbanizables. Para el núcleo principal, en concreto, prevé un modelo de crecimiento concéntrico, siendo sus principales determinaciones.

 

  • Establecimiento del perímetro de la ciudad en relación a los 350000 habitantes calculados para el año 2000.
  • Ordenación de la ciudad en barrios, en los cuales se sitúan los correspondientes centros cívicos.

 

(…)

 

  • Establecimiento de una red de tráfico principal constituida por el citado eje este-oeste, otro norte-sur y dos rondas (una interior y otra exterior) con una serie de vías radiales de penetración, entre las cuales quedan inscritos los futuros polígonos residenciales de expansión.

 

(…)

 

  • Zonificación consistente en la clasificación de suelo según la edificación, densidad y uso previsto.
  • Creación de un cinturón verde constituido por varios parques enlazados: Paseo de la Victoria, eje este-oeste, Zumbacón, Marrubial, cementerio de San Rafael, lóbulo de Miraflores y Parque Cruz Conde”. (269)

 

[26] Ib.; 268-271

 

[27] LÓPEZ ONTIVEROS, A. (1981); 159-160

 

[28] LÓPEZ ONTIVEROS, A. (1985). Nos parece muy destacable la valoración que hace de la periferia en general, y, por ende, de La Fuensanta, a la que, otrora, podría aplicársele las siguientes consideraciones: …para cualquiera que la conozca [periferia cordobesa] y observe en el plano, cabe afirmar que su rasgo más característico es la dispersión, con un gran espacio ocupado y grandes vacíos intersticiales. Ello engendra repercusiones importantes propias de este tipo de expansión en nebulosa cuales son: el encarecimiento y multiplicación de infraestructuras y de servicios, cuyas carencias y problemas en Córdoba son bien visibles respecto al tráfico, pavimentación, alcantarillado, etc.; la dificultad de integración social y psicológica de tantos barrios extremos que esencialmente viven al margen de la vida de la ciudad; y la propiciación con tantos espacios intermedios de operaciones de especulación, ya siempre graves en un contexto capitalista”. (296)

 

[29] Ib.; 293-294

 

[30] GARCÍA MOLINA, J. A. (1994); 314-315

 

[31] GARCÍA VERDUGO, F. R. (1994); 273 y 276-277

 

[32] RAMÍREZ DE ARELLANO Y GUTIÉRREZ, T. (1873-1877); 256

 

[33] VÁZQUEZ LESMES, R. (1987); 90-91

 

[34] RAMÍREZ DE ARELLANO Y GUTIÉRREZ, T.; 489

 

[35] RAMÍREZ Y DE LAS CASAS-DEZA, L. Mª (1867); 278

 

[36] RAMÍREZ DE ARELLANO Y GUTIÉRREZ, T.; 259

 

[37] MONTIS, Ricardo de (1921): “Córdoba en el recuerdo”, en VV. AA.: Colección Córdoba. I. Diario Córdoba y Cajasur. Córdoba. Córdoba, 1997 [recopilación de artículos publicados entre 1911 y 1930]; 344

 

[38] VÁZQUEZ LESMES, R.;196-198

 

[39] ORTI BELMONTE, M. Á. (1970); 269-270. Con esta frase termina el libro de Orti Belmonte; es el punto y final.

 

[40] AMC, Sección VI. Serie 34. Doc. 8

 

[41] AMC, Sección VI. Serie 34. Doc. 8

 

[42] ARANDA DONCEL, J. (1984); 278-279

 

[43] Nuestro agradecimiento a Manuel Toribio García por su desprendido regalo.

 

[44] NARANJO CORDOBÉS, L. G. y otros (1992). Por su interés geográfico y por su conectividad a nuestro IES y a nuestro barrio –al que recoge repetidamente-, de interés complementario está el artículo de GÓMEZ REJA, M. C.: “El Arcángel” (El Pregonero, 93); 31

 

[45] Ibidem: “Esperamos que el esfuerzo y la atención que vas a dedicar a este cuaderno de trabajo, sirva para que conozcas algo mejor el mundo en el que vives (ese mundo que empieza bajo nuestros pies y se extiende hasta el infinito) y, conociéndolo, puedas sentirte en él más libre y más capaz de transformarlo”. (3)

 

[46] GARCÍA MOLINA, J. A. (1992); 29-30

 

[47] A modo de homenaje, las actividades que proponemos están literalmente copiadas del cuaderno didáctico de NARANJO CORDOBÉS, L. G. y otros (1992). Algunas de ellas, por la propia evolución del viario, han perdido la vigencia que tuvieron en el momento de su redacción. La última, por su extensión, ha sido extractada.

 

[48] En el momento de la redacción del artículo el profesor José R. Pedraza Serrano estaba destinado en el IES La Fuensanta (Córdoba).