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SÉNECA O EL BILINGÜISMO AVANT LA LETTRE.

AUTORA

Leonor María Martínez Serrano 

Asesora de Formación 

CEP Priego-Montilla (Córdoba)

 

Resumen

El mundo ha hablado lenguas diversas desde que el ser humano tiene el don de la palabra, y el bilingüismo es un fenómeno ancestral que nos ha acompañado desde siempre. En este breve ensayo nos remontamos al pasado para analizar el bilingüismo desde una perspectiva histórica. Tras una somera reflexión acerca del contacto entre la lengua latina y las lenguas del vasto Imperio Romano (incluido el griego), nos centramos en la figura de Lucio Anneo Séneca, el insigne filósofo estoico de origen hispano, nacido en Corduba hacia el año 4 d. C. Como los romanos acomodados de la época en que le tocó vivir, Séneca disfrutó de una educación bilingüe en latín y griego, tal y como recomendaba Quintiliano en su Institutio oratoria. Pero no solo los miembros de la elite que ostentaba el poder y el prestigio tenían el privilegio del bilingüismo: la interacción lingüística con más o menos fluidez en diversas lenguas impregnaba los ámbitos público y privado de la vida cotidiana de gentes de toda condición –esclavos, soldados y mercaderes, entre otros. De ello dan testimonio los vestigios del pasado (papiros y epigrafía, fundamentalmente) que han sobrevivido al naufragio de los siglos.

 

 

 

EL SER HUMANO es una criatura histórica. Vivimos inmersos en una sustancia fugitiva y vertiginosa, como es el tiempo, que todo lo muda. Mas las preocupaciones que jalonan la historia de la humanidad a cada paso son perennes y universales. El árbol del lenguaje humano y sus múltiples ramificaciones –las lenguas que hablan los pueblos de la Tierra– constituyen, sin duda, una de esas inquietudes elementales que han acompañado al ser humano desde los albores del pensamiento mítico, filosófico y científico. Así, la indagación acerca de la naturaleza y el sentido de las lenguas se halla en el comienzo mismo de la Biblia: en el capítulo 11 del libro del Génesis encontramos una explicación mítica de la diversidad de lenguas, que se confunden irremediablemente en la construcción de la Torre de Babel, ese acto de hybris humana que desata la cólera de Yahvé. Ya en la antigua Grecia, Platón, en el diálogo intitulado Crátilo, se interrogaba a sí mismo por la esencia de la lengua, por la relación entre los nombres y las cosas, y por su capacidad para apresar el conocimiento de la realidad en clave epistemológica. Por su parte, en otras latitudes, Pānini, el gramático indio del siglo IV a. C., daba a luz uno de esos excelsos monumentos del intelecto humano: una exhaustiva gramática del sánscrito, la lengua sagrada de los Vedas y los Upanisads, esos textos seminales de la sabiduría oriental. Estos son solo tres ejemplos de cómo el espíritu inquisitivo del ser humano dirigió su atención desde el principio a la esencia del lenguaje y de las lenguas habladas sobre la faz de la Tierra.

Y es que, en tanto que fenómeno estrechamente vinculado al lenguaje, el bilingüismo[1], o la capacidad del ser humano para comunicarse mediante los recursos expresivos de sistemas lingüísticos que codifican la visión del mundo de un modo idiosincrásico, ha existido desde siempre. Ocurre que, perdida la perspectiva del tiempo, se nos antoja por error que se trata de un fenómeno reciente, especialmente desde que se produjera en las últimas décadas del pasado siglo una auténtica eclosión de investigaciones y estudios consagrados a esta apasionante temática[2], al estudio del bilingüismo como espacio en el que confluyen aspectos sociolingüísticos, psicológicos y cognitivos. A todo ello hay que añadir las políticas lingüísticas que han surgido de forma más explícita en la segunda mitad del siglo XX, tales como las adoptadas en el entorno de la Unión Europea, en pro de la defensa de la diversidad lingüística en suelo europeo como preciado legado y seña de identidad de diversos pueblos, y en pro del impulso al aprendizaje de lenguas como herramientas eficacísimas en la construcción de un espacio caracterizado por la concordia y el mutuo entendimiento. Así, en el caso concreto de Andalucía, toda la política lingüística a propósito de la promoción del aprendizaje de lenguas en los centros docentes sostenidos con fondos públicos se remonta a fechas recientes, a 2005, año en que se publica el Plan de Fomento del Plurilingüismo. Una política lingüística para la sociedad andaluza, un documento ambicioso y de primera magnitud que se complementa de forma decisiva en 2008, año en que ve la luz el Currículo Integrado de las Lenguas. Propuesta de secuencias didácticas. Con anterioridad se habían publicado en el ámbito europeo otros dos documentos decisivos, de carácter no prescriptivo, que sentaban sólidos cimientos homogéneos para toda la UE y dibujaban contornos precisos de lo que habría de ser la enseñanza, el aprendizaje y la evaluación de lenguas. Nos referimos al texto seminal del Consejo de Europa Marco Común Europeo de Referencia de las Lenguas: Enseñanza, Aprendizaje y Evaluación (2001), fruto de más de diez años de trabajo sostenido en el tiempo a cargo de un equipo de lingüistas de reconocido prestigio, y al documento Aprendizaje Integrado de Contenidos y Lenguas (AICLE) en el contexto escolar europeo (2005), que sienta las bases del enfoque CLIL (Content and Language Integrated Learning), una apuesta decidida por un acercamiento holístico, no fragmentario, al conocimiento en las aulas.

Decíamos que el bilingüismo no es un fenómeno nuevo en absoluto. Nihil novum sub sole. El contacto entre las lenguas humanas es un fenómeno que ha existido desde siempre (pensemos en la mítica Babel), desde que el ser humano es homo loquens (o ser dicente), y la interacción entre las lenguas como criaturas vivas de un ecosistema en perpetuo cambio se remonta en siglos y milenios al pasado. Desde su prístina condición dicente, la humanidad es plurilingüe y políglota de siempre, si pensamos en la especie como totalidad y en el lenguaje como árbol primigenio del que emanan las ramas que son las lenguas diversas habladas a lo largo de los tiempos. En la antigüedad grecolatina existía una vívida interacción entre las lenguas de los diversos pueblos de la cuenca mediterránea y del amplio territorio que trascendía los límites de la actual Europa sometidos al Imperio Romano[3]. Existe constancia, a menudo fragmentaria, tal y como demuestra A. J. Adams en su monográfico, de la coexistencia del latín con innumerables idiomas – el galo, el osco, el umbro, el véneto, el etrusco, las lenguas mesápica, sármata y gética, el aquitano, el egipcio, el hebreo, el arameo, el copto, el púnico, el libio, el tracio, el frigio, diversos idiomas germánicos, célticos e ibéricos, y, desde luego, el griego[4]. Por supuesto, existía un bilingüismo incontestable en el que las lenguas vehiculares de cultura del momento (el griego y el latín) se convertían en cauce de expresión en distintos ámbitos de la vida pública y privada, y no solo entre las elites que ostentaban el poder y el prestigio, sino también entre el gran contingente de esclavos y entre las gentes de las clases menos favorecidas. En cualquier caso, este bilingüismo de latín y griego entre la elite abarcaría también diversos grados de conocimiento y competencia, desde, por ejemplo, el caso del procónsul en Asia Menor en 131 a. C., P. Craso Muciano, que, tal y como relata Valerio Máximo, era capaz de utilizar los cinco dialectos griegos, o el caso del propio Cicerón, que se dirigió al Senado de Siracusa en la lengua de Homero, pasando por Verres, gobernador de Sicilia, objeto de burla por parte del ilustre orador debido a su ignorancia de la lengua griega, hasta llegar al mismísimo emperador Augusto, que se sentía inseguro expresándose en griego. Adams cita varios casos de ilustres romanos bilingües:

“According to Valerius Maximus, P. Crassus Mucianus as proconsul in Asia Minor in 131 BC was able to use the five Greek dialects: 8.7.6 iam P. Crassus, cum in Asiam ad Aristonicum regem debellandum consul uenisset, tanta cura Graecae linguae notitiam animo comprehendit ut eam in quinque diuisam genera per omnes partes ac numeros penitus cognosceret. The same anecdote is in Quintilian (11.2.50), perhaps taken from a common source: Crassus ille diues, qui cum Asiae praeesset, quinque Graeci sermonis differentias sic tenuit, ut qua quisque apud eum lingua postulasset, eadem ius ibi redditum ferret. Cicero on one occasion spoke Greek in the senate at Syracuse, an action for which he was criticised by an opponent, partly on the grounds that it was an improper act of deference for a Roman to speak Greek in public before a Greek audience: Verr. 4.147 ait indignum facinus esse quod ego in senatu Graeco uerba fecissem; quod quidem apud Graecos Graece locutus essem, id ferri nullo modo posse. The Rhodian ambassador Apollonius Molo was allowed to speak Greek in the senate without an interpreter (Val. Max. 2.2.3). Atticus is said to have spoken Greek as if he were a native of Athens: Nepos Att. 4.1. sic enim Graece loquebatur ut Athenis natus uideretur. Much the same is said of L. Crassus: Cic. De orat. 2.2 Graece sic loqui, nullam ut nosse aliam linguam uideretur. Another who was more Greek than the Greeks was T. Albucius (Cic. Brut. 131 doctus etiam Graecis T. Albucius uel potius plane Graecus . . . fuit autem Athenis adulescens), who was mocked for his Hellenism by Scaevola in an incident reported by Lucilius (Cic. Fin. 1.8-9; Lucilius 88-94: see below, 3.IV.1). From the later Empire one may note, for example, the praetorian prefect Strategius Musonianus, who was famed for his knowledge of ‘both languages’: Amm. 15.13.1 facundia sermonis utriusque clarus.”[5]

Dice Adams que los ancestros bilingües de la antigüedad grecolatina que han acaparado el interés de los filólogos de lenguas clásicas han sido en su mayoría “‘élite bilinguals’, that is members of the educated classes who had freely chosen to become bilingual.” (2003: 9) No obstante, los testimonios escritos que nos han llegado en forma de papiros e inscripciones epigráficas testimonian que el bilingüismo no estaba restringido a las elites dirigentes de la época (Adams se centra en su monográfico, por cierto, en el bilingüismo en el Imperio Romano desde el siglo I a. C. hasta finales del siglo III d. C.), sino que se trataba de un fenómeno extendido entre otras capas sociales, como apuntábamos antes. Puesto que Adams, además, adopta un concepto de bilingüismo mucho más lato, en la línea de Crystal (1997: 362), en virtud del cual “speakers (or writers) of two languages may have an infinitely variable range of competences in the two languages, from native fluency on the one hand to imperfect competence verging on incompetence on the other” (2003: 8), en su estudio presta atención a hombres y mujeres anónimos –esclavos, mercaderes, soldados, de esos que forman parte de la unamoniana intrahistoria de un pueblo– que un día decidieron lanzar un mensaje en una botella al futuro, precisamente acerca de su condición bilingüe, ya en forma de inscripción, o en forma de retazo de escritura a duras penas conservado, ya en forma de anécdota valiosísima que ha pervivido en la obra de otros autores. Convendría citar, pues, estas esclarecedoras palabras de Adams acerca de cómo la necesidad obligaba a gentes de a pie a comunicarse en otra lengua que no era la materna con ciertas garantías de éxito:

“The merchant who manages to communicate in a foreign market place with a mixture of gestures and words of the foreign language shorn of some inflectional morphemes and articulated in a foreign accent may in a sense be described as a practising ‘bilingual’, but his proficiency in the second language is at a far remove from that, say, of a foreign ambassador who delivers a speech in Latin at Rome on a political subject.” [6]

En cualquier caso, en esta breve reflexión nos ocupa la figura del insigne Lucio Anneo Séneca, filósofo de afiliación estoica, dramaturgo prolífico, pensador cosmopolita, y hombre de mundo que vivió de cerca las intrigas y vicisitudes de la corte imperial de Nerón y su malograda madre, Agripina la Menor. Formaba parte de esa elite intelectual romana del siglo I de nuestra era que aspiraba a alcanzar una competencia lingüística en lengua griega, vehículo de conocimiento y repositorio de un preciado legado cultural. En una reciente biografía dedicada al sabio hispano nacido en Córdoba hacia comienzos de la era cristiana, leemos estas inesperadas palabras:

“En los años de formación, el joven Séneca debió de aprender, si no a hablar, a entender y leer el griego. La enseñanza era bilingüe y los niños de buena familia solían tener preceptores griegos. El régimen escolar era muy duro y continuo. Séneca tiene malos recuerdos de la estancia junto al maestro de segundas letras, el grammaticus. Séneca se arrimó a tres maestros, y los tres pertenecían al círculo de los Sextius, que representaba una escuela defensora de un eclecticismo moral de inspiración estoica. Allí se hablaba y escribía en griego.” [7]

De la lectura atenta de este fragmento luminoso se deducirían varias cuestiones capitales. La primera de ellas es que estas palabras nos alumbran una parcela de la realidad que hasta ahora ha permanecido en la penumbra: el bilingüismo contemplado desde una perspectiva histórica acaso pueda arrojar luz sobre el desenvolvimiento a lo largo del tiempo de una de esas preocupaciones universales del ser humano. El bilingüismo tiene una dimensión histórica ineludible e inevitable; ya existía en la Hispania del siglo I de nuestra era, y aun antes. La segunda dimensión crucial que se destila de estas palabras es que la enseñanza bilingüe tenía un carácter elitista (lo cual no significa, claro está, que una especie de bilingüismo espontáneo no estuviera extendido entre otras capas sociales menos privilegiadas). Con el paso del tiempo, hemos asistido a una suerte de democratización de la enseñanza bilingüe, impensable en época del filósofo estoico. Séneca el Viejo, rozando ya los sesenta años, decide abandonar la colonia patricia de Corduba para instalarse en Roma, la capital del imperio, con su joven esposa Helvia y sus tres hijos, con la clara intención de que estos recibieran una esmeradísima educación, siguieran el habitual cursus honorum (carrera de honores) que correspondía a los jóvenes romanos de su clase, y se codearan con los círculos elitistas del pensamiento y de la política de la época[8]. Por otra parte, llama poderosamente la atención en esta cita que Séneca, el sabio por antonomasia, temiese al grammaticus. A pesar de todo, a pesar de la férrea disciplina y el titánico esfuerzo, su proceso de aprendizaje bilingüe llegó a culminar con éxito: Séneca habla, escribe, entiende el griego. El sentido último del aprendizaje bilingüe en latín y en griego no radicaba exclusivamente en adquirir un bagaje cultural imprescindible ligado a los textos grecolatinos fundamentales, sino en hacerse con un dominio efectivo de ambas lenguas que, en Séneca, claramente cristalizó en un manejo exquisito de la palabra hablada (en el caso de la oratoria) y de la palabra escrita (en el caso de sus escritos filosóficos, su obras de teatro y sus poemas perdidos[9]) por parte del aventajado alumno. Acaso los indudables beneficios del aprendizaje bilingüe se vislumbren de algún modo en la pericia de Séneca como orador y autor. Precisamente, en una de sus epístolas a Lucilio, rememora Séneca, ya anciano, aquellos años de su juventud en que se formó de la mano de sus añorados maestros, Atalo entre ellos:

“En sus años mozos Séneca había asistido a una escuela prestigiosa, fundada en la Roma de Augusto por el filósofo Sextio y regentada a la sazón por los hijos del fundador. Allí recibió con provecho las enseñanzas de varios maestros, a quienes en su vejez recordaba con afecto y con gratitud; mas por ningún otro sintió tanta devoción como por Atalo. La epístola CVIII a Lucilio contiene un delicado homenaje a este hombre que habría trazado el rumbo de su juventud. Séneca recuerda con cuánto entusiasmo asediaba él aquella cátedra, adonde era siempre el primero en acudir y el último en marcharse. Atalo solía reflexionar paseando de uno a otro extremo del aula, y Séneca lo importunaba con sus preguntas sin que el maestro se doliese de la interrupción. Seguía la norma de estar siempre al alcance de sus discípulos y aun de salirles al paso, pues no se cansaba de repetir que un mismo ideal animaba al uno y a los otros: al maestro, el afán de promover; a los escolares, el deseo de progresar.”[10]

La educación de Séneca en la Roma de su tiempo fue semejante a la paideia de los coetáneos suyos que pertenecían a la orden del rango ecuestre y que perseguían promocionarse a través de la cultura[11]. Las etapas de la formación del filósofo fueron tres, como era habitual por entonces. Entre los siete y los once o doce años de edad, los aprendices acudían a la escuela de un maestro (ludi magister), donde se les enseñaban los rudimentos de la lectura, la escritura y las matemáticas. Aunque había padres que contrataban a un maestro particular para que educara a sus hijos en casa, lo más común en la época en que transcurrió la infancia de Séneca y sus hermanos era acudir a una escuela. No obstante, los hijos de familias acomodadas tenían a su lado a un pedagogo o guardián, un esclavo doméstico, que les enseñaba juegos y deportes, y los acompañaba a la escuela en todo momento. Ya a la edad de los doce o trece años, Séneca accedió al segundo nivel de enseñanza –el de la gramática–, orientado hacia el aprendizaje de las lenguas latina y griega. Los aprendices se empleaban a fondo en análisis detallados de las raíces de las palabras, los acentos, el ritmo, las palabras simples y compuestas, además de prestar una especial atención a los grandes autores clásicos del pasado, cuyas obras eran objeto de estudio, memorización, resumen, exégesis, etc. Se adquirían, por otra parte, conocimientos de música, métrica, astronomía, e incluso nociones básicas de filosofía y oratoria correspondientes propiamente al nivel superior. Al parecer, los mejores gramáticos eran libertos, en su mayoría procedentes del mundo griego, que gozaban de cierto prestigio en la época. En el estudio del latín y el griego, lo habitual era que las clases acomodadas siguieran los consejos de Quintiliano en su Institutio oratoria I, 1. 12-13, pasaje elocuente en que el autor latino sostiene que “la educación de los niños debe comenzar con el griego”:

“A sermone Graeco puerum incipere malo, quia Latinum, qui pluribus in usu est, uel nobis nolentibus perbibet, simul quia disciplinis quoque Graecis prius instituendus est, unde et nostrae fluxerunt. Non tamen hoc adeo superstitiose fieri uelim ut diu tantum Graece loquatur aut discat, sicut plerisque moris est. Hoc enim accidunt et oris plurima uitia in peregrinum sonum corrupti et sermonis, cui cum Graecae figurae adsidua consuetudine haeserunt, in diuersa quoque loquendi ratione pertinacissime durant.”

“Me inclino más a que el niño comience por la lengua griega; pues la latina, que está más en uso, la aprendemos aunque no queramos: y también porque primeramente debe ser instruido en las letras y ciencias griegas, de donde tuvo origen nuestra lengua. Mas no quiero que en esto se proceda tan escrupulosamente, que hable y aprenda por mucho tiempo sola la lengua griega, como algunos lo practican; pues de aquí dimanan muchísimos defectos, ya en la pronunciación extraña, ya en el lenguaje, los cuales, pegándoseles por la larga costumbre del idioma griego, vienen también a endurecerse en un modo de hablar diverso de los demás. Y así a la lengua griega debe seguir la latina, para aprenderlas a un mismo tiempo. Así sucederá, que conservando con igual cuidado el estudio de ambas, ninguna dañará a la otra.[12]

Finalmente, en el tercer nivel de la enseñanza, el de la retórica, además de entregarse a prácticas de oratoria (plenamente sistematizada en el ámbito latino por Cicerón en De oratore y por Quintiliano en los doce libros de su monumental Institutio oratoria cuando Séneca la cursó), nuestro autor debió de sumergirse, no sin cierta avidez, en el estudio de la historia y la filosofía. En el ámbito de la filosofía, tras un previo acercamiento a la doctrina pitagórica y al misticismo, Séneca acabó abrazando el estoicismo, esto es: una filosofía de vocación cosmopolita que propugna un vivir conforme a la naturaleza guiado por la razón y la virtud, una vida de contemplación que busca la serenidad del alma, entregada al estudio y a la introspección liberadora de miedos y pasiones. Consciente de la condición efímera y perecedera del ser humano, de la universal caducidad de toda empresa humana, Séneca escogió, no obstante, una vida en que trató de armonizar la contemplación filosófica y la acción en el ámbito público de la política desde su puesto de preceptor y mentor de Nerón. Desde su propugnación de la vida serena y la ataraxia, en calidad de gran pedagogo de la humanidad, Séneca llegó a engrosar las filas de los ilustres antepasados de los que habla María Zambrano en las inolvidables líneas con que inaugura el ensayo que dedica al ilustre antepasado:

“El hombre posee el privilegio de poseer antepasados; somos siempre hijos de alguien, herederos y descendientes. Mas cuando se pertenece a un mundo tan completo como el de la cultura occidental los antepasados son múltiples; tenemos diversas tradiciones detrás de nosotros, no una sola. De ahí el olvido y también los sucesivos renacimientos.[13]

Entre esos ancestros que tenían hallazgos e intuiciones esenciales acerca de la realidad íntima de la vida y las cosas que legar a la posteridad, se encuentra, sin duda alguna, Lucio Anneo Séneca. Tomando prestadas unas palabras de María Zambrano, a la alegría por haber descubierto este tesoro sin esfuerzo que es la obra de este antepasado que vivió por nosotros, se une ahora la inesperada alegría de saber que esta mente preclara disfrutó, en el siglo I de nuestra era, hace ya más de dos mil años, de una educación bilingüe avant la lettre.

Bibliografía:

– ADAMS, J. N., JANSE, M. & SWAIN, S. (eds.). Bilingualism in Ancient Society: Language Contact and the Written Text. Oxford: Oxford University Press, 2002.

– ADAMS, A. J. Bilingualism and the Latin Language. Cambridge: Cambridge University Press, 2003.

– BLANCO FREIJEIRO, A. Apuntes de la vida romana en la obra de Séneca. In memoriam Senecae. Cuadernos de la “Fundación Pastor”, 14, Madrid: Taurus, 1966.

– BLOOMFIELD, L. Language, Londres: Allen & Unwin, 1933.

– CONSEJERÍA DE EDUCACIÓN (2005). Plan de Fomento del Plurilingüismo. Una política lingüística para la sociedad andaluza, aprobado en Consejo de Gobierno de 22 de marzo de 2005 (BOJA de 5 de abril de 2005).

– CONSEJERÍA DE EDUCACIÓN (2008). Currículo Integrado de las Lenguas. Propuesta de secuencias didácticas.

– CONSEJO DE EUROPA (2001). Marco Común Europeo de Referencia de las Lenguas: Enseñanza, Aprendizaje y Evaluación. Disponible en la dirección  .

– CRYSTAL, D. The Cambridge Encyclopedia of Language. Cambridge: Cambridge University Press, 2ª ed., 1997.

– EURYDICE. Aprendizaje Integrado de Contenidos y Lenguas (AICLE) en el contexto escolar europeo. Disponible en Internet en la dirección , 2005.

– MANGAS MANJARES, J. Séneca o el poder de la cultura, Madrid: Editorial Debate, 2001.

– QUINTILIANO, M. B. Instituciones oratorias, por M. Fabio Quintiliano, traducción directa del latín de Ignacio Rodríguez y Pedro Sandier, tomo I. Madrid: Imprenta de Perlado Páez y compañía, 1916.

– VAQUERIZO, D. (ed.) Córdoba y Lucio Anneo Séneca. Reflexiones con motivo de un bimilenario. Córdoba: Diputación de Córdoba, Delegación de Cultura, 1998.

– WEINRICH, Uriel. Languages in Contact: Findings and Problems. New York: Linguistic Circle, 1953.

– ZAMBRANO, M. Séneca. Madrid: Editorial Siruela, 1994.

Fernán Núñez, enero de 2011.

 


[1] A lo largo de los años han existido diversas tentativas de definición del concepto de ‘bilingüismo’. Por citar solo un puñado de las más relevantes, recordemos las célebres palabras de Leonard Bloomfield, para quien “ser bilingüe” significa estar dotado de un idéntico dominio de dos lenguas: ‘where … perfect foreign-language learning is not accompanied by loss of the native language, it results in bilingualism, native-like control of two languages.’ (Vid. Language, 1933, pp. 55-56). O las de Weinrich, para quien ‘The practice of alternately using two languages will be called ‘bilingualism’, and the persons involved, ‘bilingual’.’ (Languages in Contact: Findings and Problems 1953: 1). O, por último, las de David Crystal: “… people are bilingual when they achieve native-like fluency in each language. But this criterion is far too strong. People who have ‘perfect’ fluency in two languages do exist, but they are the exception, not the rule. The vast majority of bilinguals do not have an equal command of their two languages: one language is more fluent than the other, interferes with the other, imposes its accent on the other, or simply is the preferred language in certain situations. […] Scholars now tend to think of bilingual ability as a continuum: bilingual people will find themselves at different points on this continuum, with a minority approaching the theoretical ideal of perfect, balanced control of both languages, but most being some way from it, and some having very limited ability indeed.” (The Cambridge Encyclopedia of Language, 1997, 2nd edition, p. 362).

[2] De entre todos los estudios consagrados al bilingüismo en la antigüedad grecolatina descuellan especialmente, por su interés y rigor, dos libros fundamentales: el impresionante monográfico de A. J. Adams titulado Bilingualism and the Latin Language (Cambridge University Press, 2003), y la recopilación de ensayos a cargo de J. N. Adams, M. Janse y S. Swain titulada Bilingualism in Ancient Society: Language Contact and the Written Text (Oxford University Press, 2002).

[3] Dice A. J. Adams: “In the vast expanses of the Roman Empire, where mobility was high among such groups as the army, administrative personnel, traders and slaves, language contact was a fact of everyday life.” Vid. Bilingualism and the Latin Language, p. 1. Y también: “… ancient societies were constantly interacting and developing through language.” Vid. Bilingualism in the Ancient World, p. 20.

[4] Véase A. J. Adams, Bilingualism and the Latin Language: “It is thought that bilingualism is more common than monolingualism, and yet linguistics has traditionally operated as if the monolingual were the normal speaker. Bilingualism across the Roman world cannot be quantified, but numerous languages survive in the written record (usually in a fragmentary state) or are attested in contact with Latin (Gaulish, forms of Hispanic, Oscan, Umbrian, Venetic, Etruscan, Hebrew, Aramaic, Egyptian Demotic and hieroglyphics, Coptic, Punic, Libyan (?), Thracian, forms of Germanic, as well as Greek), and others were spoken without leaving any trace in our sources.” (p. 1) Según el propio Adams, este es un campo de investigación en que el que aún queda mucho por hacer: “The evidence relating to bilingualism in antiquity is immense, and the subject is underexploited. Language contact intruded into virtually every aspect of ancient life: e.g. high literature, the law, medicine, magic, religion, provincial administration, the army, and trade.” Véase el capítulo introductorio de Bilingualism in the Ancient World, OUP, pp. 1-2.

[5] A. J. Adams, Bilingualism and the Latin Language, pp. 9-10.

[6] A. J. Adams, Bilingualism and the Latin Language, pp. 7-8.

[7] Debemos esta cita al Prof. Doctor Francisco Lorenzo Berguillos, de la Universidad Pablo de Olavide de Sevilla, a quien tuvimos el placer de escuchar en el transcurso de las VII Jornadas Nacionales de Secciones Bilingües, celebradas en Santander (Cantabria) los días 14, 15 y 16 de octubre de 2009. La gestación del presente artículo viene rondándonos desde entonces, desde que escucháramos estas palabras en la conferencia magistral del profesor experto en bilingüismo. Lamentablemente, no hemos conseguido localizar la fuente de la cita, que hemos transcrito directamente a partir de la grabación en vídeo de la citada conferencia, disponible en el portal ‘Educantabria’ ubicado en la página oficial de la Consejería de Educación de Cantabria.

[8] Así lo explica la Profesora Doctora Pilar León en su ensayo “Las raíces cordobesas de Séneca el filósofo”, en Córdoba y Lucio Anneo Séneca. Reflexiones con motivo de un bimilenario, de Desiderio Vaquerizo (ed.), Diputación de Córdoba, Delegación de Cultura, 1998, pp. 12-27. Véanse, concretamente, las páginas 16 y 21. Los hijos de Séneca no volvieron ya a la ciudad que los vio nacer.

[9] Este es el corpus completo de la obra senequista: A. Escritos filosóficos: Consolatio ad Marciam, Consolatio ad Polybium, Consolatio ad Helviam, De ira, De brevitate vitae, De constantia sapientis, De tranquillitate animi, De otio, Apocolocintosis, De clementia, De vita beata, De beneficiis, Naturales quaestiones, Epistulae morales (Ad Lucilium) y De providentia. B. Tragedias: Hercules furens, Troades, Phoenissae, Medea, Phaedra, Oedipus, Agamenno, Thyestes, Hercules Oetaeus y Octavia (atribuida a Séneca). C. Obras perdidas: De situ Indiae, De situ et sacris Aegyptorium, De Nilo, De lapidarum natura, De piscium natura, De matrimonio, De vita patris y De motu terrarum. Los títulos por sí mismos dan una idea de la extraordinaria fecundidad intelectual y literaria de Séneca, y sugieren, asimismo, la diversidad de inquietudes e intereses de un autor prolífico y un incansable pensador.

[10] Véase el breve ensayo de Antonio Blanco Freijeiro, Apuntes de la vida romana en la obra de Séneca. In memoriam Senecae (1966), en Cuadernos de la “Fundación Pastor”, 14, Taurus, Madrid, p. 57. La paráfrasis de Freijeiro se refiere a la carta CVIII, 3. En otra de las Cartas a Lucilio, CVIII, 13-15, Séneca profiere unas conmovedoras palabras que delatan la gran admiración que sentía por su maestro: Ego certe cum Attalum audirem in vitia, errores, in mala vitae perorantem,  saepe miseritus sum generis humani et illum sublimen altioremque humano fastigio credidi. Ipse regem se esse dicebat, sed plus quam reganare mihi videbatur, cui liceret censuram agee regnantium. Cum vero commendare paupertatem coeperat et ostendere, quam quidquid usum excederet, pondus esset supervacuum et grave ferenti, saepe exire e schola pauperi liberit. Cum coeperat voluptates nostras traducere, laudare castum corpus, sobriam mensam, puram mentem non tantum ab inlicitis voluptatibus, sed etiam supervauis, libebat circumscribere gulam ac ventrem. Indi mihi quedam permansere, Lucili. Citado por A. Blanco Freijeiro, ibídem, p. 53.

[11] Véase, al respecto, el libro de Julio Mangas Manjares, Séneca o el poder de la cultura, Editorial Debate, Madrid, 2001, especialmente las páginas 27-45, en que el autor analiza pormenorizadamente la paideia romana en tiempos de Séneca.

[12] Véanse las Instituciones oratorias, por M. Fabio Quintiliano, traducción directa del latín de Ignacio Rodríguez y Pedro Sandier, tomo I, Madrid, Imprenta de Perlado Páez y compañía, 1916, p. 14.

[13] Véase el ensayo de María Zambrano, Séneca, Editorial Siruela, Madrid, 1994, p. 21. El título original de la obra de esta insigne filósofa era El pensamiento vivo de Séneca (1944).